Diario de León

Alfonso Fernández Pacios

Alcalde De Carucedo

Humanos sin humanidad

En política, y en la vida cotidiana, hemos llegado a una situación de «todo vale», las mentiras y los bulos adelantan a las verdades, que no logran demostrar la realidad

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Vivimos muy rápido, a veces solo mirando el mañana, sin disfrutar el presente y sin valorar el pasado. ¿En qué se ha convertido nuestra historia? ¿Qué esperanzas hay de un mañana?

Vemos que hay conflictos armados en medio mundo, algunos se nos presentan constantemente con imágenes luctuosas que no pueden más que mostrar la depravación humana, las enormes calamidades humanitarias que ocurren con la mayor impunidad de la sociedad actual. Algunas otras ni siquiera llegan a la información cotidiana de los telediarios, normalizando una forma de vida que suele ocurrir en países olvidados, y que a las comunidades avanzadas no nos sirve para algo más que reflexionar sobre el destino de nuestra civilización. ¿Como puede ser, que una sola persona, o un grupo de empresas, tengan más recursos económicos que medio mundo? Y lo que es peor, como esos personajes, o esas empresas que económicamente dominan el mundo, que solo miran sus propios intereses, ahora quieran gobernarlo directamente, ¡ya no en la sombra! ¡Ahora ya no se ocultan tras parapetos de representantes, sino que directamente nos presiden a golpe de iluminaciones momentáneas o caprichos! Lo que demuestra esta forma de gobernar, de influir en el desarrollo económico de los territorios, de una visión parcial de la política mundial, es que hay una falta enorme de solidaridad social. Y esta desigualdad hace que puedan convivir a escasos metros, la mayor de las opulencias, con la menor de las oportunidades; de no saber en qué derrochar el dinero, a no poder realizar el mínimo plan de vida de la mayoría de los habitantes de nuestra tierra. De una Tierra, que en principio seria de todos. En política, y en la vida cotidiana, hemos llegado a una situación de «todo vale», las mentiras y los bulos adelantan a las verdades, que nunca consiguen alcanzar su cometido, en el intento de demostrar y justificar la realidad. Cuando eso llega, cuando se ha desmentido un «cuento», ya está otro en los medios, hasta el punto, que la justicia parece regirse más por «indicios periodísticos» que sobre hechos constatados. Los medios de comunicación hacen una labor informativa y de investigación muy importante en la sociedad, siempre vigilantes del buen funcionamiento de la democracia… pero en ocasiones da la impresión de que esas publicaciones e investigaciones son sesgadas. Prevalece el «piensa mal y acertarás», «el fin justifica los medios», las descalificaciones e insultos, ante el respeto o la colaboración en los proyectos y fines de conseguir el bien común. La política nacional, como la de barrio, está en un enfrentamiento no ya de rivalidad, sino de enemistad; ya no hablamos de opositores políticos, sino de enemigos, deseándole al adversario lo peor. Recordemos aquello que resultaba poco gracioso «cuanto peor, mejor…» De este modo, no se puede desarrollar la sociedad en la búsqueda del bienestar. Y si hay corrupción en la política, como en la vida, si hay delincuentes en todas las profesiones, también hay mucha más «gente honrada» en las mismas. El problema es, que el poder genera envidias tanto como soberbia o arrogancia, y siempre nos fijamos en los extremos, casi nunca en los «términos medios». Lo normal, lo corriente, lo adecuado, lo de siempre, lo humilde, … eso no sale en los medios, de eso no se habla en los bares, eso no es relevante, eso no vende. Lo que vende, lo que da que hablar son los chismorreos, los exabruptos, lo exagerado, lo» imposible», lo mundano, la crítica continua. No hay más que ver, que programas y que temas se tratan en los medios de comunicación con mayor audiencia. ¡Y no hablemos de las redes sociales! La vida no es fácil, exige trabajo, disciplina, esmero, pasión, … Ante esta perspectiva, es preferible echarse a lo cómodo, a «buscar culpables de todo», a no analizar ni contrastar los hechos e informaciones, ni siquiera a usar el sentido común. De darnos cuenta de que estamos más pendientes de dichos chismorreos y bulos, que, de vivir la vida con la tranquilidad de no sentirte engañado, y de que no eres un siervo que cambia su libertad por las malas artes de gente y consorcios que nos manipulan. Individuos y entidades que solo miran su propio bien, pero que se amparan en la sociedad y los entes públicos para enriquecerse y dominar la humanidad.

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