Diario de León

Manuel Arias Blanco

Profesor Jubilado De Secundaria

Los extranjerismos no cesan

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Cada año suelo enviar un artículo que toca o roza el uso y abuso de esas palabras que invaden la narrativa española. No extraña que cualquier narrador introduzca sus cuñitas, casi siempre atinadas. Otra cosa sería llenar de extranjerismos el espléndido idioma nuestro, quizás buscando el acomodo de los jóvenes lectores, más dueños de los diversos idiomas. Todo reside en que venga a cuento, si no estaremos ante una piedra más en medio del camino de la lectura. Creo que disponemos de un idioma —el español, mal llamado castellano— que nos abre una gran variedad de sinónimos, que conlleva un caudal de vocabulario generoso. Mi reparo con el español va por otros derroteros, especialmente el gramático. De ello también he puesto mi granito de arena, aunque no parece que haya tenido eco alguno. Tarea para los académicos.

Todavía le quedan a los académicos tareas por hacer. En primer lugar reconvertir/ traducir al español esos extranjerismos, sea en la ortografía o en la sustitución. Dependerá de la propia palabra. Por ejemplo «footing», «feeling», «catering», podrían transcribirse al español con términos como «futin», «filin», «caterin», sin que se resienta nuestro vocabulario, porque son voces bastante comunes. No pasa lo mismo con «living» (cuarto de estar), «leggins» (mallas), «streaming (retransmisión en directo) o «timing» (momento). Más cercanos, quizás por su frecuencia y su fácil comprensión nos suenan «on fire» (en llamas), «on time» ( a tiempo), «winner «(ganador), «delete» (borrar), «hit» (golpe, éxito), «first» (primero), «chic» (elegante, distinguido), etc. Y por eso se han acoplado perfectamente. Más distantes nos suenan términos como «stepping» (pisando), «fitness» (buena forma física), «beeper» (localizador), «freezer» (congelado), «gloss» (brillo), «afterhours» (lugares abiertos fuera del horario normal), «my dear» (estimado, querido), «go away» (irse, marcharse»). Y me rechinan otros términos que están muy lejos de nuestro arsenal terminológico como: «a la clé» (en juego»), «shtetl» (pequeño pueblo), «rave» (fiesta clandestina), «creepy» (espeluznante), «hater» (odiador), «pollice verso» (con el pulgar girado), etc. Y resulta chocante que se admita en el Diccionario «backstage» (espacio detrás de un escenario) por su extraña composición… Quizás, en ocasiones, haya razones de concisión y brevedad para elegir un extranjerismo. No digo que no. Pero habrá que acomodarlo lo más posible a nuestro alfabeto. También detecto que muchas palabras —especialmente las anglicismos— contienen matices más complejos que las nuestras. Tal vez, tengamos más sinónimos, un vocabulario más rico, una gramática más compleja…, pero los demás idiomas cojean de otros impedimentos o riquezas —como queramos verlo— para un aprendizaje exitoso. Podemos incorporar palabras de otros idiomas, pero con mucho tiento y reflexión. El español es riquísimo en vocabulario, ¿para qué incrementar más ese volumen? Quizás en algunos casos puede que faciliten la generalización, puede que premien la especialización. Pero con tino. Creo que si consiguiéramos la implantación de una lengua común y universal, única, sin que eso suponga la descalificación y el desuso del propio, estaríamos en un buen camino. Se intentó con el esperanto y no se consiguió. Faltó, tal vez, pedagogía. Tal vez, falta el liderazgo de un atrevido, de un maestro. O es verdad que estamos empeñados en no comunicarnos con facilidad. Y así nos va, así nos enzarzamos en guerras y diatribas fuera de lugar. Vendrá la IA y nos lo traducirá todo y todos tan contentos, aunque nunca sepamos quién dice la verdad o quién es el que me habla. No obstante, no sería vano decir, afirmar que todos dominamos un idioma común allí donde estemos. El reto sería conservar esa nueva lengua. Supongo que caerá esta semilla en secano y no arraigará, ni aunque llueva. Pero me hace ilusión y siento la necesidad de incitar a una seria reflexión, fuera de cualquier atavismo, lejos de rendimientos ancestrales. El progreso nos lleva hacia un país único y universal. Lo queramos o no. Somos viajeros de un único planeta, de este universo que nos ha tocado en suerte y nadie está demás, nadie sobra. Seamos justos. ¿Evitaríamos las guerras? Posiblemente. De malentendidos han salido escollos ineludibles. Con un nuevo y universal idioma podría llegar antes y mejor el entendimiento. De este modo construiríamos una nación sin fronteras y con la aspiración máxima de llegar a consensos y afectos. ¿Llegaremos? Veo que me estoy inflando y alejando hacia otros edenes quizá imposibles. Perdón.

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