Diario de León

Matías González

Sociólogo

Lenguas periféricas

La lengua propia es el símbolo de la identidad nacional y su tratamiento exige maneras exquisitas

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Uno de los males profundos del Estado español es la recurrente confrontación de los nacionalismos periféricos. Esta conflictividad socava de manera innegable la cohesión social de la comunidad española y resta fuerza al conjunto nacional.

Ortega y Gasset afirmó hace setenta años que el problema separatista no tiene remedio y se debe apaciguar por simple inercia, por pura paciencia de los gobernantes. Pero otros analistas, sin embargo, dudan de que el Estado nacional sea capaz de resistir indefinidamente esta continua erosión por parte de los segmentos nacionalistas. Es indudable que dentro de la geografía nacional se ha aglutinado históricamente una rica amalgama de comunidades que a partir del romanticismo del XIX coquetearon con las spiraciones nacionalistas que triunfaron ampliamente en toda Europa. El principal aglutinante de este sentimiento nacionalista es sin duda alguna la pervivencia de una lengua propia. Estas lenguas han sido conservadas en estas comunidades como un tesoro venerable y han sabido convertirse en vehículo cooficial de comunicación dentro del perímetro de esa comunidad. Todas estas lenguas tienen una matriz común, salvo el vasco, y por tanto su comprensión y empleo no es más lejano ni difícil que el del castellano de La Celestina o del Mio Cid, por ejemplo, con respecto al actual. La lengua propia es el símbolo mayor de la identidad nacional y su tratamiento exige del legislador unas maneras exquisitas si quiere evitar el conflicto. Es sobre conocido que las fuerzas separatistas fomentan el empleo de las lenguas propias en detrimento de la lengua estatal. Y que las fuerzas centrales fomentan en lo posible la pervivencia del castellano. Y en ambas partes se busca el predominio de la lengua que postulan a costa de la contraria. Esta dialéctica de confrontación es, en mis entendederas., el principal error que impide neutralizar la creciente conflictividad entre las fuerzas separatistas y las nacionales. Porque no es el predominio, lo que garantiza la paz social sino el equilibrio. Ahora bien ¿se ha buscado ese equilibrio en el tratamiento del problema? No basta con conseguirlo dentro del territorio autonómico sino también fuera, en el territorio estatal. Fomentando la comprensión de las lenguas autonómicas en la población escolar. Una convincente política de inmersión educativa en las lenguas autonómicas conseguiría limar el espíritu dominante, de raíces imperialistas, de la mayor parte de la población hispanoparlante y permitiría limar el recelo imperante en las poblaciones altero-parlantes. Lo que proponemos es, simplemente, habilitar en el curriculum educativo de las enseñanza obligatorias una asignatura específica que podría llamarse «Lenguas periféricas españolas» en las que habilitar al alumnado a una comprensión y empleo, solo superficial, es cierto, pero suficiente para que puedan captar sin excesivo problema los mensajes emitidos en lenguas vernáculas en los medios de comunicación y que puedan interactuar de una manera elemental con las naturales de estas comunidades cuando las visiten.

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