Diario de León

Prisciliano Cordero Del Castillo

Sacerdote Y Sociólogo

La Navidad de 2025

En Jesús, Dios se hace cercano, entra en nuestra historia y comparte nuestra vida. La Navidad nos recuerda que Dios está con nosotros, especialmente ante la dificultad

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Yo crecí en un pequeño pueblo de León en los años 40 del siglo pasado y allí conocí la historia de la Natividad en la familia, en la iglesia y en la escuela. En Navidad, en la iglesia, cantábamos villancicos que narraban la historia del nacimiento de Jesús. En la escuela, hacíamos pastoradas o representaciones navideñas, en las que todos los niños del pueblo nos disfrazábamos de ángeles, de pastores o de reyes magos. Y, quizás lo más formativo, en la familia viví con gran alegría el espíritu de Navidad. Allí interioricé esa entrañable historia navideña que he recordado durante toda mi vida: Una mujer, llamada María, tuvo un bebé, llamado Jesús, en un establo, rodeada de un buey y una mula, con su esposo, José, a su lado. Los pastores, que hacían fuego en una noche oscura y fría, oyeron una voz angelical que los llevó a un portal de Belén y una estrella guio a los Reyes Magos, venidos de lejos, que trajeron regalos para el niño. Todo ello muy bucólico y muy tierno, como la misma infancia vivida en un pequeño pueblo de León de aquel entonces.

Sin embargo, la historia de la Natividad, aunque fundamentalmente alegre, debería ser desconcertante. El hecho de que Dios viniera al mundo como un niño pequeño fue escandaloso para la sociedad en la que vivió Jesús y lo sigue siendo para muchos en nuestro tiempo. Incluso para quienes crecieron en hogares cristianos y siguen celebrando la Navidad con «Misa de gallo» incluida en Nochebuena. La naturaleza radical de la llegada de Cristo al mundo probablemente hoy, en nuestra sociedad altamente descreída y consumista, se está viendo como las fiestas de invierno, como unos días frenéticos de comidas, encuentros sociales y regalos. Pero la Navidad es y seguirá siendo el misterio de Dios encarnado. Dios no se manifiesta con poder ni riquezas, sino con la sencillez de un niño que nace en un pesebre. En Jesús, Dios se hace cercano, entra en nuestra historia y comparte nuestra vida. La Navidad nos recuerda que Dios está con nosotros, especialmente en los momentos de dificultad, de pobreza y de dolor. El nacimiento de Jesús nos invita a abrir el corazón, a acogerlo con humildad y a reconocerlo en los demás, sobre todo en los más necesitados. Así como María y José acogieron al Niño con fe, los pastores fueron presurosos a adorarlo y unos magos vinieron de lejos con regalos, también nosotros estamos llamados a recibir a Jesús con alegría y a anunciar su amor con nuestras acciones. En su primera exhortación apostólica «Dilexi Te» («Te he amado»), centrada en el amor de Cristo por los pobres, el Papa León escribe: «Precisamente para compartir las limitaciones y la fragilidad de nuestra naturaleza humana, él mismo se hizo pobre y nació en una carne como la nuestra. Lo conocimos en la pequeñez de un niño acostado en un pesebre…» (n.º 16). Quizás hoy hemos perdido el sentido de lo que significa que Dios haya elegido venir al mundo de esta manera. Fue en esta condición de niño recién nacido, increíblemente frágil, que Dios se nos reveló, dejando clara desde el principio la solidaridad de Cristo con los más vulnerables. La Navidad es también la historia de una pobre mujer que da a luz en un pesebre porque nadie le ofreció un alojamiento más digno. Es la historia de un Dios cuya vida terrenal fue una mezcla de rechazo, persecución, humillación y pobreza, desde el pesebre hasta la cruz. Como escribió el Papa Benedicto XVI en Jesús de Nazaret: los relatos de la infancia: «La grandeza emerge de lo que parece en términos terrenales pequeño e insignificante, mientras que la grandeza mundana se derrumba y cae». Es correcto celebrar la Navidad; de hecho, es motivo de gran alegría. Pero no debemos olvidar que es una alegría que proviene de saber que Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros, entró en la historia humana para salvarla. La verdadera causa de nuestra alegría en Navidad es que Dios está con nosotros en nuestra debilidad y sufrimiento, en nuestra pequeñez e insignificancia. En una época que, a primera vista, celebra la riqueza material y el lado acogedor y optimista de la vida, escuchemos y volvamos a contar la historia de la Navidad, la que impacta, desafía, escandaliza y salva. La historia maravillosa del nacimiento de Jesús, Hijo de Dios, en un pesebre en Belén, que vino a salvarnos.

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