Diario de León

Máximo Soto Calvo

Asociación Pro Identidad Leonesa

León por León, sin que sea mirarnos el ombligo

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Con Gaudí y sin Gaudí la histórica monumentalidad de León capitalina y provincial ahí estaba. El genial catalán de la arquitectura, en ciernes cuando vino a nuestra tierra, lo haría para ejecutar dos proyectos, con distinto fin e igual ingenio. Don éste para nada descartable que portara ya de nacencia, las cualidades de genio serían fruto de estudios y estados emocionales.

Sus obras «leonesas», una en Legio. Que no era una la ciudad cualquiera, dada su condición de sede real e imperial que fue, estratégicamente situada en el noroeste peninsular, punto clave en la Ruta Jacobea que no sólo trajo peregrinos a los que se hubo de cuidar, sino que, en la etapa medieval «canalizó» ideas, el arte románico… Ciudad digo, en la que Gaudí por conexión catalana, aceptó y ejecutó la obra conocida como Botines: viviendas, y tienda de telas de los propietarios del inmueble, un bien societario de Mariano Andrés González y Simón Fernández. Así de sencillo. La singularidad de este edificio, al pie del Palacio de los Guzmanes, donde estuvo la

Porta Principalis Dextra del campamento amurallado romano dando acceso a la Vía Principalis, hoy calle Ancha, se empezó cuando el ensanche allá por 1900, resultaba imprescindible. Tan especial edificio tomó cuerpo, luego encanto y después misterio, que estudiosos del tema, como el profesor César Álvarez, han ido descubriendo y divulgando. Y hoy, después de muchos avatares en especial los de la Caja de Ahorros de León, que fue la última propietaria, tiene alojado a Fundos. De lo museístico… ya hablaremos. Hemos citado el Ensanche, del que se ha dicho que tomaba inspiración del trazado en Barcelona, curiosa coincidencia, por supuesto teniendo en cuenta la proporcionalidad en extensión, pero vamos, que cuajó la idea. De tal modo que a partir de Santo Domingo, nuevo centro urbano, se daría prestancia al paseo de las Moreras, recto derechito al río Bernesga y la nueva estación del ferrocarril. Profesionales, comerciantes y magnates darían vida construyendo sus casas, conocidas por su nombre, dando así los primeros pálpitos a la expansión. Siendo Ordoño II la vía vertebradora, el antiguo paseo de las Moreras, otro genio, puede que a menor escala que Antonio Gaudí, Juan Madrazo, y eludo comparaciones tan peligrosas como improcedentes, que ni me planteo; por ello digamos que, en Legio, Madrazo estuvo de forma providencial, pues se ha dicho, y sin duda con rigor, que salvó a la Catedral de la ruina, la mantuvo mediante un andamiaje por él diseñado y supervisado, todo un plan de sustentación transitoria, salvador. Destacable en no menor grado fue su gran empeño en el mantenimiento de la pureza del estilo constructivo de la Pulchra Leonina. Pero hubo más, obras de menor cuantía profesional, si se quiere, pero destacables como ciudadano que se implica en las cosas de la ciudad, para la que siempre mostró un marcado interés de avance y progreso. Como pincelada sencilla dejemos dicho sus principios urbanos de higienista novedoso, que agradecería el Hospital de San Antonio, ubicado justo al lado de San Marcelo. Y cómo no recordar aunque parezca anecdótico su defensa de las negrillas que adornaban la vía principal del ensanche, luego conocida como Ordoño II. Esto y más nos viene a decir que estaba por la ciudad que le acogía, no iba de paso. La otra obra de Gaudí, fue en Astúrica, nuestra hoy conocida Astorga. Ahí radica la verdadera razón por la que vino a las tierras leonesas. Se mueve dentro de lo que conocemos como paisanaje, ya que el obispo Juan Bautista Grau, de Reus, ejerciente en Astorga, necesitaba alojamiento y sede episcopal. Acababa de salir de un mal episodio tocante a la ya poco habitable Casona/Palacio, que se había quemado. Y así, «sin hogar y oficinas», huésped del Seminario, «requirió los servicios» de Antonio Gaudí para que construyera un Palacio como sede episcopal. El joven y solícito arquitecto, ¡para la ocasión!, por razón de paisanaje con el citado prelado, tal como ya he dicho, no desatendió la llamada y así allá por 1886 llegó a estos lares, implicándose en la ejecución del Palacio episcopal; que, por cierto, por propia decisión, no llegó a terminar. Mas, a parte de los planos, dejó bien asentado el edificio, la piedra, granito blanco, para los muros, lo consiguió en El Bierzo; y con la participación de alfareros de Jiménez de Jamuz, a los que aleccionaría, consiguió las piezas que precisaba para conformar las nervaduras de bóvedas, arcos de puertas y ventanas, dovelas, chimeneas y decoración interior del Palacio. Hoy diríamos materiales de proximidad pero de sabia elección, diseño y combinación de artista. Pues bien, con motivo de los cien años de su fallecimiento en Barcelona, y la visita del Papa León IV para «bendecir» su gran obra, la Sagrada Familia, a la que se dedicó en cuerpo y alma, esto último nunca mejor dicho, parece que hemos rivalizado en la pretensión de salir en los medios, como si el autor fuera paisano nuestro. Su cuerpo está enterrado en la cripta. Se encuentra en fase de beatificación. Ni me sorprende, ni me moviliza sentimientos. Se inauguró la Torre de Jesús, la más alta de la cristiandad, rematada con una transparente y habitable cruz, de 17 metros de altura, elaborada en El Bierzo. He ahí nuestra aportación, si así se estima. De todo lo demás respecto al genial arquitecto, con los pies en el suelo, moviéndonos en el concepto catalanidad, entorno y vivencias, lo justo, ¡no nos engañemos!

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