Diario de León

David Díez Llamas

Sociólogo

El apartheid en algunas txoznas de Euskadi

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El apartheid se distinguía por crear zonas y espacios separados en transportes públicos, baños… en función de la raza. Esta separación además de en Sudáfrica también se dio en Estados Unidos como se pudo ver en la película Green Book donde se recogen los hoteles y lugares seguros donde podían ir los negros.

Rosa Parks fue una mujer negra (y muy valiente) que en Estados Unidos se sentó en los asientos reservados para los blancos. Rechazó dejar su asiento a un blanco cuando le pidieron que fuera a los asientos reservados para los negros. Hoy recibe nuestra admiración y la consideramos una defensora de los derechos civiles. Hoy en algunas txoznas de Euskadi se vuelve a esa teoría de la separación, en este caso en función de la lengua utilizada. Así reservan espacios marginales para que se pueda pedir la consumición en la lengua castellana, frente al general para pedirla en euskera. También ha habido otros casos que se niega atender a aquellos que iban con la camiseta de la selección española. Al más puro estilo apartheid. Pero curiosamente aquellos que practican este tipo de actos se dicen que son ellos los progresistas y «los fachas» los que se acercan a pedir la consumición en castellano. Dice el refrán que «ningún cagao se huele» pues eso. No hay que olvidar que «nazi» viene de nacionalsocialista. En mi opinión esas actitudes esconden también un fracaso. En función del concepto de «prioridad nacional» se están gastando muchos millones de euros en lograr una sociedad que hable euskera, aunque ello pueda detraer recursos hacia servicios esenciales como la sanidad o la vivienda. En educación se prima que sea en euskera a lo que pueda ser la calidad educativa y eso supone notas no buenas en los exámenes Pisa. Sin embargo el euskera no llega a imponerse en el territorio de los ámbitos privados a pesar de todos los esfuerzos que se hacen para lograrlo (como antes lo hacía el régimen de Franco en sentido contrario). Cambian los objetivos y no tanto los métodos. Por eso este tipo de iniciativas buscan no tanto promover como obligar (discriminando) a que las cosas sean como «yo dicto». También se dictan leyes que marcan como debe ser los letreros de mi comercio o el idioma en que debe ser atendido la clientela. Pero aquí tampoco se logran los objetivos previstos. El carácter politizado de las txoznas por el nacionalismo radical y su temporalidad favorece esas actuaciones discriminatorias. Una de las características que definen a las dictaduras es la de considerar que «la calle es mía». El nacionalismo radical práctica absolutamente ese principio. Determinan por ejemplo que un ertzaina no pueda entrar en el recinto de las fiestas o que puedan colocar fotos de presos de Eta a modo de reconocimiento a su actividad. Hay partidos que promueven este tipo de cosas y otros que prefieren mirar para otro lado. El «nosotros» también incluye a aquellos que hacen cosas que no nos gustan. Esa ventanilla del castellano es para «ellos» (aun cuando puedan tener 14 apellidos vascos). Es incomprensible que cuando se dan estas situaciones el actual lehendakari diga que «el autogobierno nos ha liberado del auge de la extrema derecha». Vamos que las actitudes y comportamientos fascistas se dan fuera de Euskadi. Claro eso viene a indicar una cierta tolerancia hacia esas posiciones que fomentan el apartheid (aún admitiendo que no sea lo que más le gusta). Es fundamental entender que el fascismo está instalado en Euskadi y que no hay que buscarlo fuera del propio territorio vasco. Es también muy importante discriminar entre los vascos que promueven este apartheid y los que lo sufren e incluso lo combaten. El meterlos todos en el mismo saco por un lado es injusto, por otro favorece a los agresores y perjudica a los agredidos. Yo mismo cuando he ido por las calles de Bilbao con mi camiseta de la selección española he recibido muchos más apoyos que críticas. Hay personas violentas pero también hay muchos más vascos que no lo son y que gustan ver por la calle unos signos de identidad española (lo que duele a los nacionalistas). Cuando se habla de la selección de Euskalherria hay que entender que los que la promueven incluyen en ella (sin preguntar a nadie claro) a Navarra o al País Vasco Francés. Esa filosofía la puede aplicar un club privado como el Athletic pero sería imposible en organismos oficiales. ¿o alguien piensa que el Estado Francés iba a permitirlo? Por otra parte habría muchos jugadores que siendo vascos quisieran seguir jugando con la selección española. Es un caso más de como la actividad deportiva queda sujeta y supeditada a un proyecto político que además no tiene un talante excesivamente democrático.

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