PISA y la comprensión lectora
La jornada escolar se fragmentó entre un desfile de especialistas y las asignaturas troncales sufrieron un vuelco radical
Los recientes resultados del informe PISA han vuelto a encender las alarmas sobre la salud de nuestro sistema educativo. Es evidente que nos encontramos ante un problema multifactorial donde entran en juego el uso de pantallas, las dinámicas familiares, los cambios metodológicos, la multitud de leyes educativas que nacen en los despachos o fruto de gurús educativos que no han pisado un aula o la propia evolución social, y todo ello sin que la inteligencia artificial nos haya arrollado todavía. Cada uno de estos temas merece una reflexión profunda y a largo plazo; sin embargo, en medio de este debate generalista, me gustaría poner la lupa sobre una causa tan concreta como determinante: la pérdida de la comprensión lectora transversal a raíz de la fragmentación del aula de Primaria.
Para entender dónde se torció el camino ayuda mirar atrás sin nostalgia, pero con objetividad. En la época de la EGB, el alumnado de Primaria contaba con la figura de un maestro tutor que acompañaba al grupo durante prácticamente toda la jornada, salvo en especialidades muy puntuales como Educación Física o Inglés. Ese maestro/a conocía en profundidad las fortalezas, ritmos y debilidades de cada estudiante y dedicaba el tiempo preciso para resolver esas carencias que podían romper la base de aprendizajes posteriores. Es decir, disponía de la flexibilidad y la autonomía pedagógica necesarias para gestionar el tiempo en función de las necesidades reales del aula, sin la dictadura de un timbre que fragmenta el aprendizaje en porciones inconexas. La llegada de las nuevas leyes educativas y, de manera muy señalada, la implantación masiva del modelo bilingüe rompió esa dinámica de raíz. La jornada escolar se fragmentó entre un desfile de especialistas y las asignaturas troncales sufrieron un vuelco radical. El tutor o tutora, en el mejor de los casos, impartía Lengua y Matemáticas; a partir de ahí pasaba el resto de los maestros/as: Natural
Science, Social Science, Arts y los especialistas ya mencionados. Todos y cada uno con un tiempo claramente tasado y con una infinidad de contenidos a impartir marcados por la dictadura del currículo. Ciencias Naturales y Ciencias Sociales —bajo las distintas nomenclaturas que han ido adoptando— eran históricamente el terreno fértil donde los niños y niñas aprendían a pensar. Eran las materias donde se leían textos largos y más complejos, se subrayaba, se extraía la idea principal, se hacían esquemas, se debatía y se desarrollaba el análisis crítico. Con la llegada del bilingüismo (Natural
Science, Social Science…), la lectura analítica y el razonamiento profundo se vieron sustituidos, en la práctica cotidiana, por el memorismo de listas de vocabulario en un idioma que el alumnado no domina plenamente. Se amputó así el espacio natural donde se forjaba la comprensión lectora. Y la comprensión lectora no es solo una destreza de la asignatura de Lengua, es la herramienta básica para descifrar un problema matemático, entender el enunciado de un experimento científico o procesar información en cualquier ámbito de la vida. Si el alumnado no comprende lo que lee, cae el edificio entero. Resolver el problema de la educación en España requerirá tocar muchas teclas y no será algo que se haga de un día para otro, pero una de las acciones más urgentes es devolver el sentido común a las aulas. La Educación Primaria en su conjunto debe recuperar su propósito fundamental: que la enseñanza de la lengua extranjera vuelva con fuerza al aula del especialista de idiomas, y que el maestro tutor recupere el espacio, el tiempo y la autonomía necesarios para enseñar a leer, comprender y pensar en la lengua materna.