CRÓNICAS BERCIANAS
El túnel número 20
EL túnel estuvo ardiendo durante cinco días. Y los intentos por arrastrar los restos del tren correo para apagar el incendio y rescatar a las víctimas fueron inútiles. Me cuentan que los vagones estaban atravesados entre pared y pared como consecuencia del impacto y que los hierros y la madera no resistían el empuje de las locomotoras que trataban de tirar de ellos hacia el exterior. No se pudo hacer gran cosa por quienes quedaron atrapadas. Una densa humareda amenazaba de muerte a todo aquel que intentaba entrar en la galería. El túnel número 20 de la línea Palencia-A Coruña ya no existe. Estaba en Torre del Bierzo y el 3 de enero de 1944 se convirtió en la tumba de cientos de personas. Nadie sabe ni sabrá nunca cuantos murieron la mañana en que el tren correo 421, que bajaba del puerto de Manzanal sin frenos, saltándose estaciones, cargado de viajeros, colisionó contra una máquina de maniobras en el interior del túnel número 20 y resultó alcanzado poco después por un mercancías que había salido minutos antes de Bembibre. El túnel se convirtió en un infierno de fuego imposible de apagar. En una trampa mortal. Y el accidente en una leyenda popular. Hoy nadie duda de que el régimen deFranco trató de silenciar el mayor accidente de la historia de los ferrocarriles españoles. Un suceso que figuró durante años en el Guinness de los records. Un accidente que no existió en los despachos oficiales, que apenas tuvo eco en la prensa de entonces, pero que la memoria popular, que no entiende de censuras, conservó en forma de coplas como la que cierra la banda sonora del documental El túnel número 20, trece minutos rodados por el cineasta madrileño Ramón de Fontecha con la sana intención de rescatar los recuerdos de algunos de los que vieron pasar el tren desenfrenado aquel 3 de enero o viajaban siendo niños en los vagones abarrotados de viajeros y sobrevivieron al choque. De Fontecha presentó este fin de semana su cortometraje en Ponferrada y en Torre del Bierzo. Y quiso la casualidad que el mismo día en que se cumplían 59 años de la catástrofe, otro tren de pasajeros y otro túnel de la misma línea, el 31, estuvieran en el centro de un nuevo accidente ferroviario. Todo quedó en susto porque la locomotora del Estrella de Galicia, que empujaba 14 vagones con 492 viajeros, se arrastró durante trescientos metros por el interior del túnel después de descarrilar debido a un desprendimiento y detuvo su marcha al borde de una curva en el desfiladero del Boeza. «Los recuerdos, como el humo, siempre salen», escribe Mamen Briz, la guionista del documental sobre la tragedia de Torre que aspira a un premio Goya, antes de dar paso a los títulos de crédito. Renfe debería tomar nota de que las piedras también son como los recuerdos, y que hay que desterrar la palabra imprevisto de todo lo que tenga que ver con la seguridad de un tren de viajeros que circula por la misma vía que días atrás ya había sufrido dos descarrilamientos.