Diario de León
Publicado por
Esther Estéban
León

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Mi madre, una mujer con esa sabiduría templada que dan los años suele decir, cuando nos enfrentamos a cualquier adversidad, que uno no valora bien lo que tiene hasta que lo pierde. La frase la aplica, eso sí, al roto y al descosido, de tal forma que lo mismo sirve para lamentar la pérdida de un ser querido, que para recordar aquel pequeño instrumento extraviado en un viaje que utilizaba con enorme habilidad para enhebrar una aguja fácilmente sin dejarte las pestañas. El otro día me vi repitiendo mentalmente la frase de mi madre algo sorprendente porque esa letanía materna siempre me ha sacado de quicio. Fue un día de esos para olvidar. Es verdad que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde y con esto de las comunicaciones nuestra sociedad tiene una dependencia tal, que una avería, además de dejar sin servicio a más de ocho millones de clientes, provoca problemas y pérdidas económicas de lo más peculiares. Hasta hace nada, el teléfono móvil era un artículo de lujo, un capricho al alcance de unos pocos, cuya utilidad incluso se cuestionaba. Ahora ya no podemos vivir sin él y la prueba evidente es la escandalera nacional que se ha montado por la avería. Es verdad que Vodafone, es la segunda compañía del sector en España y la primera del mundo, por lo que es casi inconcebible que una avería se prolongue durante horas y además fallen todos los dispositivos de emergencia, pero también lo es que la ausencia de móvil nos provoca a todos una especie de síndrome de abstinencia. Eso sí, en las grandes ciudades se vieron escenas insólitas ya olvidadas de personas haciendo largas colas ante las cabinas telefónicas, casi en desuso. Sea como fuere, los usuarios hacen muy bien en reclamar, por quedarse colgados, por sufrir mono y ansiedad y ¡cómo no! por la enorme chapuza de una compañía en teoría tecnológicamente puntera. Si no cumplen, que paguen. Ya no podrán liberarnos del mono pero nos aliviará saber que no ha sido gratis total.

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