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J. F. Pérez Chencho
León

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No me consta el número de alumnos matriculados. Quizá hayan tenido que aplicar el numerus clausus. En la Universidad de Castilla-La Mancha, con tramoya de apoyo de la Asociación Universitaria de Toledo, la comenzado la primera edición de la Semana Universitaria de la Sexualidad. Las jornadas sobre sexo se celebran en un viejo convento de frailes dominicos, que hace seis siglos fue cuna del Tribunal de la Inquisición, y que ha sido restaurado y reconvertido en sede académica. La regla de la orden dominica era ayuno, abstinencia y silencio. El silencio siempre ha sido la mejor conversación con Dios. La del Santo Oficio se basaba en la represión y la tortura ante cualquier desviacionismo de la fe. Desde ayer y hasta el fin de semana, coincidiendo con los días culminantes de las fiestas paganas de Carnaval, con explosión de luz, fuego, color, máscaras, charangas, plumas y desnudeces, de Río a Venecia, de Canarias a Cádiz, de La Bañeza a Ciudad Rodrigo, el prólogo lo rubrica la Universidad de Castilla-La Mancha con una jornadas sobre sexo. Se impartirán conferencias sobre la sexualidad de las diferentes sociedades: desde en las que un polvo puede acabar con la lapidación de la mujer, a las que al hombre ya no otorgan ni la condición de macho reproductor. Se abordará la homosexualidad y la transexualidad, y hasta el cura/capellán de la institución docente debatirá con un homoxeual -de moda, tras salir del armario- y una transexual. El colofón a las jornadas académicas será la proyección de la película American Pie y un espectáculo erótico, con streptease mixto incluído. La antítesis de la regla dominica. Ni ayuno, ni abtinencia, ni silencio. No me consta tampoco si este curso sobre sexo otorga o no créditos de libre configuración o diplomas de asistencia y aprovechamiento a los alumnos. Pero como todo curso o máster que se precie hoy en día, sí se complementa con horas prácticas. No son obligatorias, pero «recomendamos -dice el programa- poner en práctica los conocimientos adquiridos para que no se olviden». Es una pedagogía no memorística, como cuando nos hacían aprender de carretilla el listado de los reyes godos o la Eneida. El tiempo, que todo lo cura y todo lo erosiona, acaba destronando a alguno o perdiéndose un verso latino entre la brisa que canta a las armas y al varón. Suponemos que el papel del cura/capellán de esta Semana de la Sexualidad se limitará sólo a la parte teórica, aunque no pocos curas ya han llenado páginas en la revista Zero. La sexualidad, en todas sus variantes, ya no es tabú. Es un tema para el estudio, la reflexión y el debate. No es lo mismo leer unas encuestas patrocinadas por una marca de condones, en las que te aseguran qué número calzan en la tercera pierna los habitantes del planeta, o cuántas veces lo hacen las parejas, los adolescentes o los ejecutivos, que profundizar en las causas de toda índole, incluídas las penales. Como no es lo mismo la sexualidad que la procreación.

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