Diario de León
Publicado por
María Jesús Muñiz
León

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A veces a la sociedad le sale la vena sensible, algo que hay que cultivar, pero con cuidado, porque se encuentra muy cerca del órgano de la sensiblería, que segrega humores alejados de la razón y próximos a una blandengue demagogia, que en ocasiones cae incluso en la ñoñez. Quizá dedicarse a matar a un montón de vacas salvajes, con no menos salvajes tiros, no sea una solución ideal, pero de ahí a hablar de masacres y sacrificios cruentos -¿hay alguno que no lo sea?-, a alegar atentado contra la integridad moral y psíquica de los ciudadanos todos; a montar un follón más propio de otro tipo de guerras y crueldades, va todo un mundo. A la Junta de Castilla y León se le ha ido un asunto de las manos porque lo ha dejado creer demasiado tiempo, que es la razón por la que muchos asuntos se tornan finalmente irresolubles. El problema aumenta, las sensibilidades afectadas también, el caso se hace va haciendo «popular» y quien más quien menos aprovecha para sacar filetes de la vaca caída. Cientos de ejemplares -nadie sabe en realidad cuántos- llevan varios años creciendo, campando libremente por los montes de La Cabrera y asaltando las propiedades privadas, lo que a buen seguro hiere la sensibilidad y la integridad psíquica de los afectados. Algo que, hasta ahora, no ha parecido preocupar a los sensibles a la polémica cacería. Los defensores de técnicas más civilizadas para hacer desaparecer «el problema» reclaman, por lo menos, el preceptivo aturdimiento de las reses antes de darles muerte, capítulo final de esta polémica y que parece por otra parte inevitable. Si con el aturdimiento se sufre menos deberían aplicárselo a las víctimas de las guerras, o a los contribuyentes de Hacienda, por razones de evidente humanidad. Si lo que quieren decirnos es que ninguna muerte es agradable, no es nada que no supiéramos ya. Se admiten propuestas mejores.

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