Diario de León
Publicado por
Fernando Ónega
León

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El gobierno acusa a Convergencia i Uniò de abrir una «puja» para ver quién es más nacionalista en Cataluña. Se equivoca: esa puja está abierta desde que Ibarretxe anunció su plan soberanista. Desde entonces se desató una discusión sobre los límites que permite la Constitución. Y si el nacionalismo vasco aspira a una Euskadi «libremente asociada a España», el catalán quiere lo mismo. Esa es, básicamente, la propuesta de Artur Mas. Y detrás viene Maragall. Cuando se abre la compuerta de un pantano, se produce una inundación. Y en ella estamos, aunque los combates de Irak no dejen ver las aguas. La situación sólo es mejor que la planteada en el País Vasco en una cosa: no hay terrorismo detrás. En todo lo demás es igual o peor. Es igual, en el sentido de que la propuesta catalana tampoco tiene encaje en la Constitución. Tan soberanistas son en Vitoria como en Barcelona. Es peor, en el sentido de que en Cataluña no existe un «bloque constitucional» del PP y el PSOE, sino que este último parece competir en nacionalismo con el partido de Pujol. Con lo cual, corresponde a un insuficiente PP la defensa en exclusiva del «viejo» Estatuto y la Constitución. Queda, por tanto, nuevamente abierto el melón autonómico. Se nos ha colado por las rendijas informativas que deja la guerra de Irak. ¿Por qué se produce esto ahora? ¿Es que el modelo vigente ha sido desbordado? Algo así tiene que ocurrir, aunque al común de los mortales nos parezca que no cabe mucha más descentralización del Estado. La otra tesis consistiría en sospechar que los nacionalismos son insaciables y están planteando una estrategia para cimentar una efectiva soberanía. El debate, o el desafío, no hizo más que comenzar. Los grandes partidos están demasiado entretenidos con el «hueso» de Irak como para detenerse en estos asuntos. Un ministro me dijo una vez: «Nos vamos a acordar de Pujol». En algún despacho ya se deben estar haciendo rogativas: «Vuelve, Jordi, te perdonamos».

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