Diario de León
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León

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AQUELLOS que hace cuatro o cinco años apostaron por la seguridad de una hipoteca a tipo fijo han comprobado cómo otros, que optaron por el tipo variable, han pagado, hasta ahora, intereses mucho menores. Además, se considera prácticamente seguro que, a corto plazo, los tipos mantendrán su nivel actual, sin que pueda descartarse que bajen todavía algo más. Pero el futuro, especialmente si hay que referirse a un periodo que abarque los próximos diez, quince o veinte años que, según los casos, les restan para amortizar la hipoteca, es impredecible. El escenario de un modelo a la japonesa no puede eliminarse como hipótesis teórica, aunque remota y no sólo geográficamente. Solamente en ese caso los tipos bajarían más en el medio y largo plazo y se haría patente que la elección de la modalidad variable había sido la mejor. Da la impresión, sin embargo, de que la economía no irá por esos derroteros y que sus responsables se planteen como principal objetivo superar la recesión y conjurar el riesgo de la deflación y que, en consecuencia, terminen por decidirse por unos presupuestos expansivos, aun con los riesgos del déficit público y de la consiguiente inflación. A largo plazo, e incluso a medio, los tipos podrán subir algo, bastante o mucho, y en este último caso los problemas de los deudores se trasladarán a los bancos que se verán obligados a convertirse en empresas inmobiliarias y a buscar la liquidez con subastas a la baja.

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