Diario de León
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León

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SUPONGO que nadie caerá en la trampa de las maniobras de distracción para ocultar o paliar lo más importante, yo diría que lo único trascendente de verdad en todo lo que está sucediendo. Es lamentable que ocurran cosas como las agresiones a sedes o personas del PP o de cualquier otro partido, que hay que rechazar con toda claridad. Pero convertirlo en la gran cuestión de la guerra me parece que sería de una desfachatez y de una hipocresía intolerables. Lo mismo hay que decir sobre las constantes regresiones al pasado para ver cómo se hacían las cosas en 1991 o en 1999 o en cualquier otro momento, en circunstancias que nada tienen que ver con las actuales. O sobre los frecuentes recursos a lo que hacen Francia, Alemania o Rusia con algunos de los flecos o de las cuestiones relacionadas con la actualidad, siempre con la intención justificatoria de unas decisiones y de unas actuaciones que carecen de la más mínima justificación. Aquí la madre del cordero es mucho más sencilla: asistimos a una guerra que no merece ese nombre, sino el de agresión arbitraria, ilegal, injusta, desproporcionada y poco a poco genocida contra el pueblo de Irak, por mucho que la intención primigenia sea terminar con el régimen de Sadam Hussein y de las armas de destrucción masiva que no aparecen por parte alguna. Las únicas armas de destrucción masiva que hay sobre el escenario de la guerra son las de los agresores, que destruyen vidas y ciudades, mientras que sus autores siguen proclamando que se trata de una acción por la paz, la seguridad y la libertad de todos.

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