Una guerra sucia
Todos sospechan, nosotros sabemos que existe, una Red, llamémosla así, de personas estratégicamente localizadas en algunos centros sanitarios y en algunas residencias de la tercera edad, que se ocupan de «aconsejar» a los familiares de las personas residentes qué deben hacer en caso de fallecimiento. Más aún, llaman directamente a la funeraria cuyo personal se presenta de inmediato y ejecuta. No hay capacidad para la reacción. Los que han pasado por esta situación podrían dar testimonio de ello. Lo que ocurre es que nadie, en esos difíciles momentos, desea verse en complicaciones, en denuncias,¿ y se callan. Y una vez pasado el tiempo, piensan, ya¿ ¡qué más da! El momento es muy delicado y nadie está para dar la nota. Pero, con este comportamiento, la bola sigue engordando impune e imparablemente. Los implicados cuentan con ello, saben que nadie va a decir nada. Y se aprovechan de la situación. Estos «avisadores», generalmente personal de plantilla de los centros citados, cobran suculentas cantidades de dinero por realizar su «trabajo» Los directores, gerentes y propietarios de las instalaciones sanitarias, suponemos, conocen el problema pero, quizás, consideran que no es su problema. Seguramente tampoco cuentan con denuncias concretas al respecto. Y, en cualquier caso, lo tienen francamente difícil. Estamos hablando de unos pocos, muy pocos, entre muchos. Una aguja en un pajar. Hay que contar con que la forma de actuar de esta gente es muy sibilina, están muy avisados. ¿Quien se beneficia de todo esto? Sabemos con bastante exactitud quiénes son las personas que actúan, pero no lo podemos demostrar, aún. También conocemos, con toda seguridad, quién es el que dirige toda la «organización», pero tampoco lo podemos demostrar, aún. Sí sabemos, por el contrario, que nuestra empresa es el objetivo. Lo que se pretende con este montaje, no sólo es que unas personas cobren en dinero negro unas cantidades, o que el director de la «banda» tenga unos ingresos suculentos, lo que realmente está en el fondo de la cuestión es procurar que los servicios fúnebres de esta ciudad no acudan a nuestra empresa. Es una guerra sucia para intentar ahogarnos económicamente. Quiere ello decir que hay alguien más por encima, alguien con poder, alguien en la sombra de la sombra. Estamos ante una conspiración, de las que en otras épocas se denominaba «judeo-masónica», sólo que ahora es de verdad, sin judíos ni masones, pero con personas de carne y hueso que viven en esta ciudad. Desde luego tenemos la perspectiva de que, a pesar de que estamos en un estado de derecho y que hay libertad de expresión, la ciudadanía es muy consciente, valga la expresión, de que quien la hace la paga. Si te manifiestas, si osas, si te atreves, si denuncias, eres perfectamente consciente que, de alguna forma, la vas a pagar, que alguien te va a pasar factura. Y si tienen poder, mucho más. Y esta es nuestra situación. Somos un incordio, molestamos, nos manifestamos, señalamos, por eso van por nosotros. ¿Por qué nadie actúa? De todo hay en la viña del Señor. Hay personas a las que les da todo lo mismo. Otras aún creen en la buena fe, y consideran que, quienes les «aconsejan», les están haciendo un favor desinteresadamente. Hay personas que se dan cuenta, pero no se atreven. Hay familiares que hacen frente a la situación y entonces los «avisadores» recomponen hábilmente la situación. Y los hay que lo que les indican coinciden con sus apetencias. Lo que ya no saben estos es que, por eso, otros se están lucrando indebidamente. Finalmente hay quien piensa, y acierta, que algún día habrá que regresar al centro sanitario en cuestión, personalmente o con otro familiar, y que se terminará topando de frente con la persona a quien denunció. Y ante eso... Evidentemente, estamos hablando de la atención y salud de los nuestros, de los de cada uno. ¿Qué hacen o dicen las autoridades? «No comment» ¿Y las organizaciones empresariales? «missing» (salvo una sola persona) Y frente a este «mirar para otro lado» «no denunciar» «no enfrentarse», nosotros nos sentimos solos, torpedeados, atacados, y un largo etcétera. Somos una empresa seria, consolidada, en constante progreso, invirtiendo cantidades importantes de dinero, con treinta puestos de trabajo, treinta trabajadores dando la cara y expuestos a que su futuro dependa de los caprichos e intereses de unos pocos, muy pocos, pero algunos muy influyentes.