Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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A veces, es difícil concretar cuándo empieza y termina una guerra. Las fechas son espejismos. Una guerra no surge de la nada, tampoco comienza con el primer disparo. Todo viene de lejos. Ahora nos interesa saber cuándo terminara está. Pero una victoria no es necesariamente un final. Nuestra contienda civil ¿terminó en 1939 o sería más exacto afirmar que concluyó con las primeras elecciones democráticas tras el franquismo? Pueden callar las armas y seguir los corazones en llamas, pues hay paces parciales, ficticias, hasta efímeras. España es hoy un país pacífico. Somos en muchos aspectos un pueblo admirable. La guerra del Golfo está pervirtiendo nuestro debate político, al incorporar fantasmas ya superados. Soy contrario a esta guerra, llevada a cabo sin el respaldo de las Naciones Unidas, y con aspiraciones imperialistas que poco o nada tienen que ver con nuestra sensibilidad mediterránea, impregnada de humanismo. Ahora bien, la paz es una reivindicación demasiado importante para mancharla con injurias. La paz es un discurso que exige lo mejor de uno mismo, no sólo pareados ocurrentes. La paz es un estilo, una convicción, un ejemplo. Políticos como Amilivia, García Prieto, Vallejo ¿alguien puede encontrar en sus trayectorias algo que les vincule no ya a la violencia sino a cualquier clase de extremismo ideológico? Todo lo contrario, puedo dar testimonio de ello. Y no estoy valorando gestiones, sino conductas. Tampoco abogo por manifestaciones blandengues, sino ecuánimes, como la mayoría de los manifestantes también lo son. Gandhi es el ejemplo a seguir. Paz y verdad contra esta triste guerra. Paz y verdad para denunciar la brutal muerte de periodistas. Paz y verdad para ser mejores. Paz y verdad con quienes no piensan como nosotros. Y en ese reto, no hay lugar para la injuria, pues esta envilece hasta las causas más justas.

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