Diario de León
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León

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EL agricultor condenado a seis años de cárcel por pegar a un hombre en el curso de una discusión, y que fue liberado ayer no por la justicia humana, sino por la divina, salió ayer del presidio de Málaga, miró al cielo a través de los agujeros de su capuchón y le dio igual el tiempo que hacía, pues la libertad recobrada dibuja para el hombre el sol más radiante. No tan contentos como este condenado tan desproporcionadamente por una reyerta, andan los otros millones de presuntos libertos de sus obligaciones cotidianas, esto es, cuantos deambulan por la Semana Santa se supone que libres, pero en realidad pendientes, dependientes, del tiempo que haga, que en estas fechas, como es lógico y natural en tiempo de dolor, suele ser siempre espeluznante. A ese agricultor que purgaba seis años de cárcel por unos puñetazos mientras los grandes golfos del dinero gozan de libertad por delitos mucho más perjudiciales, o Bush y los suyos siguen impunes y son más poderosos después de haber machacado un país, haber matado a miles de inocentes y haber provocado la destrucción de lo que quedaba de Babilonia, cuna de nuestra civilización, a ese agricultor, digo, le ha tenido que liberar Jesús «El Rico», imagen sagrada malagueña que cada miércoles santo libera a un pobre desgraciado, a un pringado del sistema. Cuando salen esos reos liberados, y pese a que tienen que mostrarse y desfilar con los ropajes pertinentes, miran invariablemente al cielo, pero como no lo miran escrutando nada sino por pura gratitud, les da igual que caigan chuzos de punta. Ellos ven el cielo inmenso, inabarcable, de la libertad, que es justo el cielo que los demás, por hache o por be, no vemos. Jesús «El Rico», en fin, ha vuelto a tener el detalle de libertar a un pobre, a uno de esos desheredados que andan comiéndose una pila de años entre rejas por robar una gallina. Cuando salen a al calle podrían hacer cualquier cosa, pero miran al cielo y les da igual el tiempo que haga.

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