Los cinco lobitos
Si no fuese por algunos políticos que viven de solucionar nuestros problemas, no los tendríamos. La verdad es que no hay que hacerse problemas, ya que siempre nos los dan hechos las gentes dadivosas, pero tampoco hay que creer que todos tienen solución. Siempre hay hechos o circunstancias que dificultan la consecución del fin que deseamos. Según las encuestas más solventes, los cinco problemas que más preocupan a los españoles son, por este orden, el paro, el terrorismo, la delincuencia, la vivienda y la guerra. Como la guerra, que es el peor de todos, nos ha pillado lejos y sólo hemos visto las batallas rectangulares de la tele, estamos haciendo un notable esfuerzo para que no nos afecte. La prueba es que se asegura que el setenta y cinco por ciento de los compatriotas no piensa cambiar su voto en las próximas elecciones por la invasión de Irak. Quizá consideren que es inmoral dejarse impresionar por los acontecimientos, lo que demuestra que tener una ideología es mucho más confortable que tener ideas. Una vez que se toma partido es incomodísimo revisar las propias convicciones, no vaya a ser que los sucesos nos hagan variar y nos acusen de traidores. Lo mejor es ser como aquel miembro de un jurado literario que votaba tercamente a su candidato y decía que no había leído a los demás «para no dejarse influir». A nadie le puede sorprender a estas alturas que el paro se considere el primero de los problemas y menos que a nadie a los parados. Con el terrorismo hemos aprendido a convivir, cosa que no pueden hacer los muertos. Nos han dicho tantas veces que ETA estaba desmantelada, desde el asesinato de Carrero, en lo que Antonio Gala llamó «el día de autos», que estamos dispuestos a creérnoslo siempre. En cuanto a la delincuencia, casi nos conformaríamos con que no siguiera aumentando indiscriminadamente, al igual que el precio de los pisos. ¿Qué podrían prometernos solucionar si no tuviéramos estos cinco problemas?. Los mítines serían silenciosos y las pancartas tendrían menos tela marinera.