Diario de León
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León

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LO que está en juego es el poder y por eso los actores del drama de la política se manifiestan tal cual son: como lobos para los otros lobos. Las elecciones son municipales y autonómicas pero nadie lo diría a juzgar por los mensajes que a cara de perro se lanzan no candidatos a otros. Hay una extraña resonancia de agravios imaginarios o reales en los parlamentos de algunos de los contendientes; otros se diría que echan de menos los tiempos en los que el discurso era uno y sin réplica. Hay quien piensa que las campañas electorales no sirven para nada; incluso que son una pérdida de tiempo y de dinero. Discrepo de esa opinión. Más aún, tengo para mí que las elecciones son una ocasión impagable para conocer la verdadera personalidad de quienes habiendo elegido libremente dedicarse a la política comparecen ante la ciudadanía con el aire de quien se sacrifica por los demás y, en consecuencia, es acreedor de la gratitud de todos los ciudadanos. Las campañas son como una larga sesión de la consulta de un psicoanalista retransmitida en abierto para todos los públicos. Y ahí reside precisamente otros de los problemas pues al comportarse algunos políticos de la manera que lo hacen dan ganas de salir corriendo. Los insultos, las descalificaciones, los chistes salaces sobre el contrario al que se demoniza como enemigo contribuyen a la irracionalización del mensaje político. Algunos políticos no desentonarían en «Crónicas Marcianas». Pero a diferencia de lo que ocurre con algunos políticos, Sardá no engaña a nadie, su programa no pretende ser otra cosa que un espectáculo, un divertimento en el que uno puede o no participar y ,en última instancia no tiene más trascendencia. La política sí la tiene porque sin contar con los ciudadanos te puede meter en una guerra -como ocurrió aquí hace un mes con la invasión de Irak- o se puede cargar la modestas conquistas del Estado del bienestar como está pasando ahora en Francia .

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