Diario de León
Publicado por
Federico Abascal
León

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El recuerdo de la guerra a pie de urna podría resucitar el 25-M el pacifismo torrencial de la sociedad española, y de ahí que la Junta Electoral, en una resolución decididamente precavida, haya prohibido en los colegios electorales y en sus inmediaciones la exhibición de carteles o mensajes que pudieran referirse a la invasión de Irak. Los miembros de las mesas, interventores o apoderados, no podrán exhibir pegatinas, símbolos, leyendas o lemas que directa o indirectamente se considerasen prolongación de la campaña electoral, aunque se deja a los presidentes de cada colegio la decisión de actuar en consecuencia, o en inconsecuencia, al criterio de la Junta. Los «populares», en labios del ministro Arenas, consideran lógica y oportuna la advertencia admonitoria de la Junta Electoral, mientras que el socialista José Blanco, número dos del PSOE, anunciaba ayer, sin valorar esa resolución, que él iba a votar con un pin en la solapa de «No a la guerra», que sería «el grito del 92% de los españoles». Llamazares, coordinador general de IU, llega más lejos al afirmar que «si vamos a ser puristas», el consejo que celebrará el Gobierno pasado mañana, para aprobar la nueva reforma de la Ley de Extranjería, no debería celebrarse, pues es no es más que campaña electoral «de la forma más burda y miserable». Todos tienen temor a la guerra contra Irak. La oposición, porque al electorado se le estaría olvidando, trasladada a un segundo plano de su memoria, y el Gobierno, porque los votantes pudieran recordarla súbitamente al menor estímulo el próximo domingo, inclinando hacia partidos de la oposición a un buen puñado de indecisos. Los indecisos alimentan la incertidumbre de los contendientes, acongojándoles. Para el PP, así, la guerra ni mentarla, a no ser en boca de Aznar como pieza secundaria de su alianza al parecer irreversible con el autoritarismo planetario y unipolar de George W. Bush, mientras que para la izquierda, suavísima del PSOE, más retórica en IU, la reanimación del espíritu pacifista que movilizó las calles en España antes de, y durante, la invasión de Irak sería un signo altamente esperanzador. Algunos o muchos dirigentes de la izquierda y tal vez un número imprevisible de electores acudirán a las urnas con pegatinas o pins del «No a la guerra», lo cual supondría una desobediencia civil de carácter más bien leve, por el atenuante de defensa de la libertad de expresión. Pero tanto la prohibición de la Junta Electoral como la actitud desafiante de dirigentes y electores de índole progresista evidencian que el patrocinio de Aznar a la guerra contra Irak aún no está bien digerido por la sociedad española.

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