BURRO AMENAZADO
Semana de la trucha
LA SEMANA, año tras año, consolida la atención sobre este bravo pez, santo y seña de León. Evidentemente, al decaer las poblaciones trucheras, ya no hay aquel desfile de pescadores extranjeros, franceses sobre todo, que venían a enseñar sus cañas Hardy de bambú, la seda cuidada de artesanas cola de rata y moscas exóticas que engañaban enormes truchones en Santa Marina. De acuerdo con tiempos de penuria de presas y moderación, la devolución de las pintonas al agua, previa medida de su talla, ha sustituído las antiguas cestas repletas de ejemplares, subastadas entre amigos de la merienda. Hay menos turismo foráneo que acude y más deportividad. Sigue parejo, muy participativo, el concurso exposición gastronómico, al que la innovación culinaria añade sabores y mejunjes -quesos, hojaldres, mermeladas- bastante apartados de las sopas, el escabeche y la fritura con jamón tradicionales. Igual, para emular a algunos modistos cuya obra maestra es el desfile de una modelo desnuda, algún restaurador delirante presentará en el futuro la trucha cruda, al aroma del Condado, plato exquisito para los hambrientos hombres de Neanderthal que nos enseñaron la ruta de lo comestible. Es interesante que las charlas difundan novedades científicas sobre la vida acuática y la conservación de las maltratadas truchas, y que podamos ver en los acuarios de Santa Nonia la variedad de especies fluviales de Castilla y León. Echo en falta el realizar una acción ambiental a favor de un tramo truchero, como la de recoger en hacendera el baratillo de porquerías que ensucian un sector de cauce. Serviría para clamar por una conciencia amistosa con el cascajo, la ribera, los peces y el uso decente del río. Desaparecidos, los responsables del dominio público hidráulico y caudales, funcionarios de las confederaciones hidrográficas del Ministerio de Medio Ambiente, apuestan por kilowatios, drenajes, encauzamientos, riegos y desembalses, mientras la trucha se la suda a los muy jetas.