Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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CASI todas las cosas que en su momento causaron un gran revuelo, se apaciguan y terminan por extinguirse. En la memoria colectiva no cabe todo y como los escándalos se relevan con gran rapidez, hay que dejarle sitio a los nuevos. Casi no nos acordábamos ya de el «caso Expo 92» cuando el juez Garzón ha levantado la imputación a Jacinto Pellón y a una serie de señores. ¿Quién era Pellón? Siete años después no podemos recordarlo con precisión. Recordamos, en cambio, aquellos letreros que decían Sevilla 92 , donde alguien escribía debajo Betis 93 . Ahora Garzón ha archivado el caso al demostrarse que no hubo delito. ¿Quién resarce a los que fueron acusados de cambiar el dinero de sitio? También la Audiencia de Vizcaya ha absuelto a Amedo, Masa y Morcillo en el «caso Brouard». Si en la Expo no robó nadie también debemos creer que Santiago Brouard murió de muerte natural. Después de ser tiroteado, claro. Las dos cosas, la fuga de la pasta y el asesinato, nos quedan ya bastante lejos y además en las cárceles españolas hay «oberbuking». El hacinamiento es monstruoso. Si tratamos así a nuestros presos va a llegar un momento en el que nadie quiera entrar en prisión. Quizá sea mejor que se olvide todo. Nada menos que Séneca recomendó esa terapia. Procuraba olvidar todo lo que «traído a la memoria entristece». Lo que sucede es que olvidar es un arte y por lo tanto no está al alcance de todos. Para dominarlo hay que partir de una dotación natural que luego debe ser perfeccionada con el uso. Hay procedimientos nemotécnicos que ayudan mucho a tener una buena desmemoria. Verán ustedes como dentro de poco tiempo nadie recuerda la trifulca de los diputados felones, ni los mutuos insultos entre los líderes de los partidos. Vendrán otras tramas de especulación inmobiliaria y otros tránsfugas y otros líderes a los que no les falte la razón cuando se pongan mutuamente como un trapo que luego les servirá de bandera.

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