TRIBUNA
Riesgos de la Plus Ultra
ESTADOS Unidos se encuentra en apuros y ha decidido internacionalizar la ocupación de Irak. Países como Francia, Rusia o Alemania han dicho no al envío de tropas, sin mandato de la ONU o el paraguas de la OTAN. España dijo sí y ha zarpado el buque que traslada a los 1.300 legionarios y boinas verdes con dirección a Kuwait. Nunca una misión española en el extranjero había suscitado tanta incertidumbre. La región que le ha tocado en suerte, tan grande como el País Vasco, es de mayoría chiíta, situada a medio camino entre Bagdad y Basora. No parece en principio la más complicada de las regiones. Está un tanto alejada del triángulo sunita, el núcleo duro de la resistencia a la ocupación norteamericana, aunque, cualquier cosa puede ocurrir en tan volátiles circunstancias. También Basora parecía tranquila para los británicos cuando de pronto mataron en una emboscada a seis soldados de Su Majestad. Tendrán, por tanto, que evitar los riesgos. En 1992 cuando la Legión llegó al puerto de Split, los soldados del contingente nos mostraron una hoja de ruta sobre el comportamiento que debían tener en su misión balcánica. Estos catecismos militares los pusieron de moda las tropas estadounidenses en Vietnam. Consistía y consiste en avisar al Ejército sobre lo que le espera, consejos prácticos, sobre todo, para no irritar a las poblaciones civiles. Y de paso evitar también el choque de culturas. Ese folleto es más necesario en Irak que en Bosnia. Las fuerzas norteamericanas lo han hecho mal hasta ahora, y así lo han reconocido, provocando la desconfianza y el rechazo de los iraquíes. No era esto. Se les acusa de cosas inverosímiles, por ejemplo de espiar a las mujeres con los rayos infrarrojos de sus fusiles, o de envenenar el agua, pero sí es verdad que han cometido faltas de tacto, como cachear a las mujeres, disparar sobre las masas y las mezquitas. Dos cosas necesitan estas fuerzas sobre el terreno al que pronto se incorporarán los legionarios españoles: garantizar la seguridad -prefieren la seguridad a la libertad- y garantizar los servicios básicos. Está claro que Sadam Husein después de la primera guerra del Golfo tardó menos tiempo en recuperar el suministro eléctrico y el agua potable. El vencedor ha sido provisionalmente derrotado porque no supo prever el alcance de la ocupación y los problemas que se les plantearían a la hora del despliegue en el país. Cabe preguntarse si era necesario y oportuno enviar estas tropas cuando España, sin soldados en el combate que terminó hace tres meses, ayudó en tareas humanitarias en el sur de Irak. Aznar es consecuente con su doctrina de apoyo, y pase lo que pase, llegará hasta el final en esta tarea. El brusco cambio en el mando previsto de la brigada Plus Ultra no es precisamente un dato positivo para el ánimo de los soldados y las relaciones del mando militar y del Estado Mayor con el Ministerio de Defensa. Esto no es Bosnia. Al margen de leerse con atención las informaciones sobre la cultura chiíta dominante en la zona, estos legionarios, que llegan con armas ligeras, deberán asegurarse el sostén de las autoridades religiosas y de las tribus. Van a ser examinados con lupa y de su comportamiento, sin ningún desliz al menos grave, dependerá el futuro de la misión. Los mandos deberán dar informaciones sobre la topografía y la situación del terreno, también, órdenes claras y explícitas sobre lo que la Legión debe o no debe hacer en la sureña provincia de Al Qadisiya en cuya capital, Divania, instalarán su cuartel general. Deberían adoptar eso que los anglosajones llaman el perfil bajo, el mismo perfil que valía para la mili: lo mejor es pasar inadvertido. La Plus Ultra deberá enfrentarse a algo que no gusta nada a los mandos ni a los soldados, la tarea de policía y de represión de los disturbios, si es que estos llegan. Otro problema será la sobreabundancia de armas, pocas de las cuales han podido ser requisadas por los estadounidenses. Los líderes religiosos chiítas ya han lanzado las primeras advertencias en forma de 'fatwa' o decreto. Así lo ha hecho saber el ayatola Ali Sistani para conseguir que sean los iraquíes los que elijan a sus representantes legales. Estados Unidos y Gran Bretaña como fuerzas ocupantes deben poner en marcha cuanto antes una administración civil y un ejército iraquí. Ese gobierno se espera para el fin de semana. Los chiítas representan el 60% de la población. Quieren que se les tenga en cuenta después de tantos años de dominio sunita. Así va a ocurrir en el gobierno provisional que está a punto de formarse. Estamos ante una delicada transición en crisis asaeteada por las fuerzas de resistencia, los restos del Baas, los fedayines, y otros restos del naufragio de Sadam Husein. El goteo de muertos: Estados Unidos no se esperaba esto, calculó mal los riesgos y ahora paga la improvisación y el mal cálculo. Ahora se les acusa a los norteamericanos de todos los males por inverosímiles que sean. Durante la guerra como tal, en marzo y abril murieron 143 soldados norteamericanos y 31 desde el 1 de mayo que es cuando el presidente George Bush dio por terminadas las hostilidades. Se equivocó porque a partir de ahí se abrió una nueva guerra subcutánea, de las sombras, lo más parecido a las guerrillas que no funcionaron durante la guerra. En Bagdad se cometen quince crímenes diarios. Todo está patas arriba y el clima general es pésimo. Menos mal que a los legionarios españoles les toca una zona en principio tranquila.