LA VELETA
Fronteras de aire
PUNTO UNO: la descentralización administrativa es la clave del éxito del estado de las Autonomías. Acercar la capacidad de decisión política sobre inversiones y gastos al lugar donde se producen los problemas concretos de los ciudadanos ayuda a identificarlos y a remediarlos con mayor celeridad y eficiencia. Y, punto dos: Si esta transferencia de poder del Estado a las Autonomías no llevase aparejada la transferencia de los recursos humanos (funcionarios) y materiales (dinero) imprescindible para que las Autonomías puedan ejercer ese poder plenamente, seguiríamos en «los sanos regionalismos» franquistas. El Estado de las Autonomías sería simple papel mojado. La pujanza social, cultural y económica que, en mayor o menos medida, han experimentado todas ellas gracias a esta doble transferencia de poder y de recursos ilustra por sí sola la bondad del sistema. Y de la idea. Pero (punto tres), culminada la descentralización hasta el punto de que algunas instituciones estatales, entre ellas ministerios como los de Agricultura, Educación o Sanidad, han perdido prácticamente su razón de ser, parece conveniente dedicar a la reflexión sobre la conveniencia de 'recentralizar' algunas políticas parte del tiempo que hasta ahora hemos dedicado a la acción de descentralizar. Como hicimos, por cierto, cuando el desbarajuste que acompañó al estallido de la crisis de las vacas locas aconsejó recrear una agencia nacional de Sanidad. Contra el rayo que incendia el monte nada se puede hacer. Pero, ¿sería tan devastador el incendio si el monte estuviera limpio? La menor virulencia de los incendios en las Autonomías que sí limpian sus montes demuestra con claridad que la respuesta a esta pregunta es que no. Pero, si esto está claro, y lo está; ¿por qué la limpieza del monte no es una prioridad en todas ellas; en toda España? Tejas arriba, la Constitución tal vez sea el único límite del Estado de las Autonomías, de eso al menos es de lo único que oímos hablar a los políticos. Pero, tejas abajo: en el ámbito de los problemas concretos de la gente, el límite de la descentralización autonómica debe ser el sentido común.