EL RINCÓN
El alzhéimer como coartada
¡QUÉ CABEZA la suya! El secretario general del PP de Madrid olvidó que trabaja para un grupo con vínculos inmobiliarios, que como todo el mundo sabe son más fuertes que los matrimoniales. Puesto a olvidar, tampoco recordó que es asalariado de una empresa de fotocopias y que su sueldo es de unos 15.000 euros anuales. El señor Romero de Tejada tiene una memoria tan frágil como el cristal, aunque menos transparente. «No me acordé de mi relación laboral», djo, a pesar de que la empresa para la que trabaja con horario flexible es la que cotiza por él a la Seguridad Social. Recomendaba Unamuno tener buena memoria y buen olvido. Hay cosas que estorban mucho si se almacenan entre las sienes y es mejor hacerlas desaparecer, ya que no se puede dar un paso sin tropezar con ellas. Recordar, etimológicamente, es volver a pasar por el corazón, pero hay episodios que no conviene que regresen y lo mejor es perderlos de vista para siempre. Cada vez hay más políticos en España convencidos de que la mentira les hará libres. ¿A quién puede extrañar el generalizado e injusto desprecio por esa profesión? Una reciente encuesta lo confirma: el 72 por ciento de la población prefiere no depositar ningún tipo de esperanza en los partidos políticos. Cada día crece el número de ateos en esa materia. Están convencidos de que si no hay gobernantes que resuelvan los problemas hay que conformarse con los que hacen callar a quienes los plantean. Eso, en las dictaduras se hace con la cárcel y, en las democracias, con dinero. De ahí la contrastada superioridad de este último sistema. El alzhéimer del secretario general del PP de Madrid quizá sea una coartada débil, ya que jamás se olvidó de cobrar los sueldos que ocultaba, pero ha conseguido renovar el monótono repertorio de las excusas. Como aquel que decía que le era imposible ponerse al teléfono porque se le había roto un jarrón, acababa de pegarlo y lo estaba apretando fuertemente con las dos manos.