EN BLANCO
No es un clon
NADIE me llama a salir al paso de algunas interpretaciones que se están haciendo del nombramiento de Mariano Rajoy por su identificación con Aznar. Pero creo que hay que distinguir esa real identificación de lo que es el talante personal y político, o si se quiere filosófico, de ambos personajes, talante que en absoluto es identificable entre ambos. No lo digo sólo por mis experiencias personales con ellos, como ayer les comentaba. Rajoy sin duda ha rubricado las políticas del presidente del Gobierno, pero ello no significa necesariamente que lo haya hecho por estricta convicción personal o por coincidencia absoluta con el modo de ser y de actuar del otro. Lo que sucede es que Rajoy es un político y además con ambición de poder, circunstancias las dos que explican, aunque no justifiquen, su comportamiento aparentemente mimético. Es simplista y simplificador asegurar que Rajoy es un clon de Aznar. La rúbrica de las políticas, además, no significa que lo haya hecho con el talante y la convicción de Aznar, ni mucho menos, a poco regular observador que se sea. Porque no ha sido así. Rajoy quería seguir con sus aspiraciones y por eso ha actuado, sin complejos, pero sin convicción ni delectación, como lo ha hecho. Se le podrá criticar que haya pasado por carros y carretas a cambio de no quedarse en la estacada, pero eso no invalidaría la caracterización profunda que trato de trazar del personaje, del nuevo líder del PP y candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones del próximo mes de marzo. Mariano Rajoy no será el gran crispador de la vida política, ni el enemigo de todos los que no piensen como él, ni el gran inventor de problemas artificiales para zafarse de los reales y de sus propios errores, ni el sistemático negador del diálogo. Aunque hará mil cosas criticables o inconvenientes.