Diario de León
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FERNANDO ONEGA
León

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EL GALLEGO de más presente y mayor futuro de cuantos trabajamos fuera de Galicia peregrinó ayer a Santiago. Lo hace casi todos los fines de semana, pero ayer fue algo especial. Hizo el rito del peregrino; le dio el abrazo al patrón; hizo profesión de fe de galleguidad: escuchó el botafumeiro en el sentido político, y disfrutó de un gozo especial: habló con el patrón durante una hora. Es decir, que volverá a su despacho de la calle Génova rebosante de indulgencias. Los periodistas, osados y frívolos, le preguntaron al peregrino si había hablado de la sucesión de don Manuel con don Manuel, porque algo hay que preguntar, supongo. Y el peregrino no defraudó las esperanzas informativas: no dijo ni palabra. Eso va para largo. Los periodistas querían saber también si está dispuesto a colaborar en la heroica tarea de buscar sucesor, y el peregrino dijo que lo que haga falta, como siempre. Estoy seguro de que, si pudiéramos leer el pensamiento de don Manuel sería parecido a éste: «Yo me conformo con menos; me conformo con que no lo imponga». Pero esas cosas, claro, no se pueden decir. Incluso es poco elegante pensarlas. El peregrino estuvo más a gusto erigiéndose en valedor de Galicia en Madrid. Impulsará el Plan Galicia. Promoverá el Xacobeo. Ayudará al desarrollo de la comunidad. En eso consiste el poder: en que los vecinos se sientan protegidos por quien lo ostenta. Lo que nos atrae es el misterio, los designios ocultos, la magia. No hay plumífero ni columnista que no sospeche que Rajoy fue a Santiago a algo más que cumplimentar al patrón y anunciar su apoyo a la tierra: iba a organizar el después de Fraga. Fuera de Galicia se pensará: pero, hombre, después de la lección de Aznar, una sucesión política no es ningún problema. Se arregla, como máximo, en una hora: cinco minutos para decidir, 30 para comunicar a los interesados y 25 para que el partido diga disciplinada y clamorosamente que sí. Y eso se puede hacer dentro de año y medio largo. ¿Para qué precipitarse? ¡Ah, claro! Pero en el PP estatal no tienen a Cuiña de aspirante. Ni a Cacharro de trajinante. Ni a Palmóu de postulante. Ni a un Feijóo expectante. Ni a una Pastor de variante. Ni a un Rajoy vigilante. Ni Fraga está ya dispuesto a coger el portante.

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