CRÓNICAS BERCIANAS
¿Y si el Consejo desapareciese?
EL OTRO DÍA. charlando con un amiguete acodado en la barra de un bar cercano a la delegación mientras nos refrescábamos el gaznate de estos calores tardíos de septiembre con un «corto» de cerveza, derivamos -es casi inevitable- en hablar del Consejo Comarcal del Bierzo y su tremenda división interna. El amiguete, bastante dado a los juicios sumarísimos, no se cansaba de repetir: «Vergonzoso. Aquí no se salva ninguno». Uno, tal vez no sea tan radical en sus apreciaciones, pero también coincide en que el Consejo Comarcal no atraviesa en estos momentos su etapa más boyante. De ser hasta no hace mucho una especie de institución «florero» sin apenas relevancia alguna en el Bierzo ha pasado a ser un bocado apetecible; muy apetecible a lo que parece. Incluso demasiado si nos atenemos al interés de alguno por las dietas, dedicaciones u otras compensaciones. En estas estábamos, cuando durante la conversación salió una pregunta que hace algún tiempo había formulado el secretario provincial de la UPL, Joaquín Otero, en una de sus visitas a Ponferrada. «¿Qué sucedería -se interrogó en aquel entonces el responsable leonesista- si el Consejo Comarcal desapareciese al día siguiente. Su ausencia tendría alguna incidencia en la vida de los bercianos». Su respuesta fue categórica: «Ninguna». Reflexionamos los dos sobre esta pregunta y la verdad es que llegamos a una conclusión muy parecida. Cualquiera notaría la desaparición del hospital comarcal, de la sede de la Diputación o incluso de los servicios de la Junta de Castilla y León, pero dudo bastante que fuese a pasar algo realmente serio si por poner un ejemplo, hoy lunes, el Consejo Comarcal cerrase sus puertas. Hasta no hace mucho carecía incluso de una sede estable donde celebrar sus plenos y durante algún tiempo las sesiones se realizaron en plena calle. Y eso que en los últimos años el peso de la institución berciana ha ido creciendo de forma notable, porque en sus inicios el Consejo era poco más que una entidad un tanto folclórica que se limitaba a discursos más o menos grandilocuentes pero sin prácticamente ninguna capacidad de maniobra. Su presencia era casi puramente testimonial. Ahora las cosas están cambiando. Los dineros de la Junta llegan cada vez en mayor cantidad y las distintas áreas de la institución -sobre todo algunas- comienzan a tener algo que decir. Sin embargo, me apostaría algo a que si alguien pregunta en la calle qué es el Consejo y cuales son algunas de sus competencias, se llevaría una sorpresa bastante desagradable. Por desgracia , lo que más ha trascendido de esta entidad en los últimos tiempos es la tremenda división interna que viven sus dos partidos mayoritarios -PP y PSOE- y todo lo relacionado con los sueldos, dedicaciones y compensaciones por asistencias a plenos y comisiones. En muchos casos, para limitarse a levantar la mano durante los próximos cuatro años. Si las cosas no cambian, la pregunta de UPL será cada vez más frecuente.