EL BALCÓN DEL PUEBLO
Montar en el primer tren
DÍAS ANTES de iniciarse el curso político, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, se entrevistó con José Mª Aznar. La Mesa de las Cortes de Fuensaldaña, semanas después, no admitió una pregunta del grupo socialista para que Herrera informase a los procuradores sobre los temas tratados. Excusa popular para aplicar el rodillo: no era de actualidad. Fue el primer rifirrafe de la legislatura. La reacción de la oposición obligó a imponer el silencio en el templo de la palabra. Retiraron en bloque todas las preguntas. Y sin preguntas, no hay respuestas. Hace semana y pico, el titular del ejecutivo regional también se entrevistó con Francisco Álvarez Cascos, ministro de Fomento. Según la oficialidad transmitida a los medios informativos, dieron un repaso al Plan Viaria para Castilla y León. Sin duda, en ambos encuentros Juan Vicente Herrera pidió más compromiso del Gobierno central con la Comunidad. Sea porque no fue exigente y reivindicativo, o porque no atendieron sus demandas, lo cierto es que el resultado final está escrito en los Presupuestos Generales del Estado, ya entregados en el Congreso por el ministro Montoro. A falta del trámite parlamentario, la suerte está echada. Lo que dentro de tres meses publique el BOE será lo que hay. Nada más. Y lo que hay para el proyecto de más envergadura que afecta a León es una limosna: 700.000 euros para integrar el ferrocarril, cuyo coste total se eleva a 142 millones, de los que Fomento deberá aportar 18. La asignación da para redactar el proyecto y dudo que queden céntimos para el acto de colocación de la primera piedra. La integración del ferrocarril, de la que serán beneficiarios León y San Andrés del Rabanedo, es la gran obra de ambos municipios. La más transcendente de los últimos tiempos y, tal vez, también de las próximas décadas. Un proyecto que cambiará de facto imagen, desarrollo, urbanismo, modernidad, progreso y todo lo que ustedes quieran poner sobre el tapete como valor añadido. La integración del ferrocarril se ha vendido muchas veces: fotos, firmas de protocolos, de convenios, de intenciones, de titulares a página completa. Y lo único al día de hoy es la consignación de 700.000 euros en los Presupuestos Generales del Estado para el 2004. Por algo se empieza, pueden corregirme. Es cierto. Pero es esencial que este proyecto se concluya antes de que sea una realidad, allá por el 2010, cuando muchos seamos más calvos, la llegada del AVE. Es inexcusable antes suprimir el gran dogal del paso a nivel del Crucero, romper el aislamiento de León Oeste, construir una estación moderna y funcional, trasladar los talleres, asegurando que se queden en León, y por último, que llegue el AVE, esa especie de pájaro de hierro que constituye el mayor signo de progreso de los últimos tiempos. Que llegue el AVE y se mantenga en León la dirección regional de Renfe, incluída la gestión del tren de la modernidad. No es nuestro último tren, sino el primero.