Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

¿El Valle del Silencio?

Publicado por
GEORGINO FERNÁNDEZ
León

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UNO ACOSTUMBRABA a ver -y también a imaginar- el Valle del Silencio como algo parecido al poblado de Astérix a pesar de que nos encontremos en el siglo XXI. Algo así como un reducto casi inexpugnable que hace cientos de años ya fue utilizado como finis terrae por los monjes que huían de la invasión musulmana, como un rincón no contaminado, donde el tiempo pasa despacio y los cambios más aún. Pero, ¡ay!, empiezo a sospechar que todo esto se acaba. Aunque loable desde muchos puntos de vista, la iniciativa del Ayuntamiento de Ponferrada de poner en valor todo este enclave natural mediante una serie de rutas turísticas «amenaza» de alguna manera la calma y el latir sereno y acompasado de esta zona que ha visto pasar los últimos decenios sin apenas transformaciones. Escribo estas líneas desde un punto de vista absolutamente egoista -para que engañarnos o buscar otras justificaciones- porque a uno lo que más le gusta, y con diferencia, de la comarca berciana es precisamente toda esa zona que se ha conformado en el trazado serpenteante del Oza y que mira siempre hacia las alturas hasta desembocar en Montes y Santiago de Peñalba. Uno -entiéndaseme- se las prometía muy felices pensando que el paisaje turístico referencial de la comarca iba a ser por los siglos de los siglos el de Las Médulas con sus picachos rojos salpicados de castaños. Todo perfecto. Las Médulas, cada vez más promocionadas y conocidas, seguirían convirtiéndose en las grandes receptoras de visitantes. Autobuses, coches, todoterrenos, domingueros de bocata y lata de Fanta tendrían allí su lugar de esparcimiento y con los nuevos proyectos hosteleros, aparcamientos y demás, miel sobre hojuelas. «¿Donde has estado este fin de semana Mari Pili?», pregunta el lunes la compañera de oficina. «Estuve con Chuchito visitando Las Médulas, en el Bierzo. Son ideales, os las recomiendo. Parece mentira lo que hacían estos romanos para sacar oro», respondería la interrogada colaborando a promocionar todavía más el gigantesco paraje aurífero. Todo iba bien. Sin embargo, ahora las cosas pueden cambiar. El proyecto municipal de rutas turísticas para poner en valor todo el Valle del Silencio tal vez abra una fisura en el muro por donde entre, de golpe, toda la modernidad. Se imagina alguien el Valle del Silencio con miles de visitantes un fin de semana armados con cámaras fotográficas, con vídeos y demás artilugios de la técnica para retratarse bajo un nogal en una orilla del río Oza, a las puertas del querido monasterio de Montes, bajo los arcos mozárabes de Santiago de Peñalba u ocupando todas las mesas de la taberna Casa Paco en Santiago de Peñalba, impidiendo que uno pueda degustar un sabroso café de puchero. ¡Maldición!. Sólo de pensarlo me entran escalofríos. En fin, para que no se me tilde de excesivamente alarmista o de exagerado aguardemos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en los próximos meses. En último extremo siempre nos quedará la cueva de San Genadio.

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