EN BLANCO
Telebasura
LA TELEBASURA no puede entenderse como un hecho aislado de la sociedad. Existe porque una parte de la sociedad la aprecia y se identifica con ella. Es su vivero, su abono y su seguro de vida. Pero ir a las raíces supone preguntarse por los más repulsivos comportamientos del «pueblo». ¿Y quién es el guapo que se atreve a meterse con el intocable pueblo?. Por ahora, parece que nadie va a osar gritarle al pueblo español que, aunque no hayan dejado de decirle que es maravilloso, culto, prudente, sabio y no sé cuántos piropos más, tiene también una buena parte de zafiedad, de incivismo, de incultura, de mal gusto y que, aunque se crea la octava maravilla del mundo y haya dado un salto económico considerable, en otras cuestiones, más que orgulloso, debería sentirse avergonzado. La existencia de esa base social es también la que propicia la aparición de similares individuos que entran en el mundo de la política con similares propósitos e intenciones. Se presentan como antisistema, como salvadores y lo primero que hacen es denostar a partidos políticos y a sus corrupciones. Un día me quedé estupefacto cuando en una televisión dos de estos tipos, Gil y un tal Baeza, aquel que sacaba Pepe Navarro y que llegó a ser concejal en Burgos, intentaban presentarse a sí mismos como los grandes héroes de la lucha contra la corrupción política. Ahora un nuevo pájaro de parecida especie acaba de entrar en escena. Es el alcalde de Torredonjimeno, que va de salvador de las mujeres después de haberse aupado a la fama con una televisión pornográfica que ponía en escena El gran polvo y que exigía en un anuncio buscando secretarias que tuvieran «los pechos grandes». Un sarcasmo y un insulto que añadir al sufrimiento de las maltratadas y algo peor cuando el individuo pretende en erigirse en valedor de las que han sido asesinadas.