AL TRASLUZ
La gran maquinaria
DOMINIQUE Lapierre acababa de superar una grave enfermedad y sintió la necesidad de conocer a la Madre Teresa. Viajó a la India y se presentó ante ella con un cheque de 50.000 dólares. Pase, pase, le estábamos esperando. Aún no se conocían ni él había anunciado su visita, pero en ese mismo momento estaba encomendándose a la providencia para conseguir una cantidad que la congregación no tenía, necesaria para salvar vidas. Me lo contó Lapierre en León. Aquellas monjitas estaban tan acostumbradas al milagro que, respiros aparte, vivieron con la mayor naturalidad la repentina llegada del donativo. La India cree en la causalidad. En Occidente, tendemos a olvidar que somos consecuencia de un destino que se forjó hace siglos, que somos la raíz de algo que un día desvelará su secreto. Como diría Borges provenimos de un soldado que esquivó una flecha, de un náufrago que sobrevivió a la tormenta. Cuando Dominique Lapierre luchaba contra su enfermedad ya estaba en funcionamiento esa gran maquinaria espiritual. En 1999 hice un viaje a Santo Domingo y fui a conocer la basílica en la que Vela Zanetti había pintado su último mural dominicano. El sacerdote responsable me recibió con sorprendente alegría: acababa de pedir en sus rezos que alguien patrocinase la iluminación de la obra. Y en eso aparecí yo, sin cheque alguno, pero, al menos, le confirmé que su solicitud se apoyaba en rigurosos criterios estéticos. Qué misterioso es todo. Y qué largo el camino para entender que no sabemos nada, salvo que sólo el amor justifica nuestra existencia en el mundo. Ah¿ el patrocinador terminó apareciendo. El hijo de un viejo amigo de Vela. La gran maquinaria espiritual siempre funciona, pero a veces tarda en arrancar. 1397124194