Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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LA CAMPAÑA iniciada por el Ayuntamiento de León contra el exceso de ruido nocturno, contra la tiranía del ruido ilegal, permite un halo de esperanza a quienes creemos que la ciudad  es de todos, pero parecía que de unos más que de otros. No hay toque de queda, ni ley seca, tampoco persecución al gremio de la noche, sino la lógica aplicación de un programa de defensa de los intereses de las mayorías. No vivo en zona de copas, pero pese a ello, los viernes por la noche, o mejor los sábados por la mañana, siempre soy despertado por la tropa de quienes anhelan que el día tenga más de 24 horas. También yo quisiera que uno de cada tres días fuese domingo; y el del medio, fiesta. Y que Cindy Crowford contestase a mis llamadas. Pero no puede ser. La ciudad es para convivir todas las generaciones, no sólo las que están en la edad de trasnochar más allá del trasnocheo. Y acepto que por la ventana, atravesando la persiana, me llegué un vitriólico «Asturias patria querida», pero sólo hasta eso de las tres o las cuatro de la madrugada¿ más allá, si no es mucha molestia, quisiera dormir. Obviamente, hay una relación causa y efecto entre jolgorio nocturno y cierres de locales. Las normas están para ser cumplidas, y ningún gremio debe tener trato de favor. La iniciativa del Ayuntamiento es ecuánime y es compatible con la juerga. Leí con asombro que algún hostelero argumentaba que era en la franja horaria que iba de cuatro a seis de madrugada cuando obtenían el dinero para pagar las nóminas... cuánto sacrificio. Otro día hablaremos de los horteras que llevan en el coche altavoces para elefantes, y disfrutan informándonos de cuáles son sus gustos musicales, a nosotros y a toda la comunidad europea. La iniciativa del Ayuntamiento, que no nace de ningún puritanismo inquisitorial, lo que sería absurdo,  es la mera consecuencia de la aplicación de un modelo de ciudad que considera el derecho al descanso como un pilar básico de la convivencia...

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