Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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A PESAR del encendido simultáneo de todas las sirenas de alarma, ahí sigue su curso tozudo e irreversible ese engendro del soberanismo que se ha inventado el PNV, consecuencia última de los años que llevan plantando y abonando la mala hierba del rencor social. El plan Chicharrete, o como se diga, no es más que un desafío al orden lógico y pactado de las cosas, una propuesta cejijunta que se adentra, con todas las consecuencias, en el vértigo de lo definitivo. La convivencia apenas hilvanada que se mantiene en ese rincón de la península, forjada a base de muertos y renuncias impuestas en exclusiva a uno de los bandos, va a saltar echa añicos por un grupito de dictadores de horca y cuchillo que siguen, desde su púlpito público, comprando silencios y buscando interesadas adhesiones. El lendakari y toda la corte de monaguillos que le rodea, con el inefable Arzalluz a la cabeza, se han inventado una nueva historia basada en los delirios racistas imaginados por Sabino Arana a finales del siglo XIX, pues hasta entonces los vascos jamás discutieron su remota e incontestable españolidad. Además, se quiera o no, vivimos en una democracia de mercado y los economistas ya han alertado sobre la imposibilidad de sostener un minúsculo Estado de «todo a 100», que tendría que destinar, por poner un único y devastador ejemplo, el 68% del presupuesto a pagar las pensiones de sus jubilados. El proyecto Chicharrete no es más que una catetada política, un número cómico que parece pensado por el genial Gila para su personaje del arcaico paleto con boina. Pero en fin, erre que erre, siguen manipulando y engañando a unas gentes que me recuerdan a los muñecos bufos del guiñol. «Ibarretxe, ¿qué les pasa a tus marionetas? Ya lo ves, la mitad cojas y el resto con muletas». Pues eso.

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