Diario de León
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FERNANDO DE ARVIZU
León

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AÑO 1982. El presidente François Mitterrand, que acababa de ganar las elecciones presidenciales en Francia y tenía un gobierno tan socialista como él, resolvió adoptar determinadas medidas económicas, que fueron duramente criticadas por la oposición de centro-derecha. Mitterrand dijo entonces lo siguiente: «Cuando se tiene el poder, se ejerce; que la oposición rechace mis medidas no me impedirá aplicarlas». Obvio es decir que no sintonizo en absoluto con las ideas del difunto presidente, pero cuando alguien tiene la razón hay que dársela, porque tal frase era en sí misma una gran verdad. Y la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Viene esto a cuento de lo ocurrido el pasado día 12 en la Comisión de Hacienda del Ayuntamiento de León. El actual equipo de gobierno presentó una propuesta con una sustanciosa subida de impuestos, que rondaba el 7% según dijeron los responsables, y que subía al 13% en algunos casos según denunció la oposición popular. No tiene por qué llamar a nadie la atención que un gobierno, sea municipal o de otro tipo, quiera subir los impuestos. Es lo que han venido haciendo casi todos, excepto los populares: esto sí que llama la atención, no lo otro. Además, sabido es que los gobernantes socialistas, sean del nivel que sean, tienen una inclinación enfermiza a la subida de impuestos, así que no hay que extrañarse a estas alturas de la película. Lo que sí resulta insólito es que la proyectada subida fue retirada cuando no contó con el apoyo de los concejales populares, hoy en la oposición. Estos, a través de su portavoz, anunciaron su reserva de voto hasta el pleno, lo cual molestó a los del gobierno municipal, cuando la verdad es que quien usa de su derecho -reservar el voto hasta el momento oportuno- a nadie perjudica. Es grave que una decisión de tanta trascendencia como una subida de impuestos y tasas municipales, que forzosamente había de ser impopular, solamente se haya querido adoptar buscando el apoyo de la oposición. Esto es absolutamente contrario a toda regla de buen gobierno. Cuando se tiene el poder, se ejerce, tanto si es para lucimiento personal de quien lo hace como para decirle al ciudadano que va a tener que pagar más. Esconder la responsabilidad de gobernar debajo de un apoyo cómplice de la oposición es absolutamente inadmisible. Contrasta esta actitud con la mantenida por Mario Amilivia en sus dos mandatos, que tomó las decisiones que creyó acertadas sin buscar apoyos opositores, porque tal era su responsabilidad y para ello le habían puesto los leoneses al frente de la alcaldía. Como dijo el presidente francés: a ejercer el poder, que es una obligación, aunque la oposición se oponga. Es una lección que tienen que aprender los actuales gobernantes del Ayuntamiento. Pero es que aún se puede ir más allá: con tal medida se manifiesta que aquéllos no se atreven a ejercer su deber porque temen un reproche ciudadano. No puede ser por la la proximidad de unas elecciones municipales, pues éstas no han de celebrarse hasta dentro de tres años y medio. Es más que posible que el reproche de conductas electoralistas, que han lanzado sobre los populares, puedan aplicárselo a ellos mismos elevado a la tercera o cuarta potencia: hay unas elecciones generales dentro de 4 meses, y es indispensable que Zapatero tenga un resultado presentable, del que depende en buena parte su propia supervivencia como líder socialista. Para ello, era indispensable hacerse mediante un pacto -el famoso pacto, público y secreto, del que tanto se ha hablado- con la alcaldía de León, patria chica de Zapatero. Sin discutir la legalidad de ese pacto, el gobierno que le siguió supuso ir contra la voluntad de los ciudadanos de León, que otorgaron mayoritariamente su voto al Partido Popular. Da la impresión de que esto les pesa. Al final, para salir del paso, en el Pleno del pasado viernes, los pactantes acordaron subir el 3% los impuestos, aunque algunos servicios se incrementan más -ORA y autobús-. El alcalde, con una argumentación de bajo vuelo, pero a la que no se le puede negar coherencia, justificó la subida en base a una conversación mantenida en una cafetería. A la postre, mejor es que haya justificación que que no haya ninguna. Pero cuando hablan, lo hacen siempre a la defensiva. Revelador.

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