AQUÍ Y AHORA
Sin razón y sin esperanza
LO MÁS TERRIBLE del asesinato de siete españoles que trabajaban por la paz en Irak es su pérdida irrecuperable. Pero lo más impactante son las imágenes de algún niño iraquí pisando sus cadáveres. Lo más grave es el odio inyectado en los jóvenes, una bomba de futuro. Eso no sucede sólo en Irak. También en Israel o en Palestina. Hay niños de doce o catorce años cuya única aspiración es inmolarse y matar soldados enemigos , da igual el bando. Hay niños a los que se está inculcando el odio en las escuelas contra el invasor o el ocupante. Niños que quieren ser mártires, asesinos, kamikazes, terroristas suicidas... Niños que nunca tendrán una familia, una esperanza, una educación para la paz, ni sabrán lo que significa amor. Un niño que pisa un cadáver aún caliente, como el cazador que ha abatido una presa, es un mal presagio para el futuro de la humanidad. No nos espera nada bueno. Esas terribles imágenes debían pesar sobre nuestras conciencias porque somos nosotros los que estamos construyendo un mundo cargado de odios, de amenazas, de terror. Mientras haya niños soldados, niños dispuestos a inmolarse, niños a los que en las escuelas se les enseña a odiar al contrario o a excluir a los diferentes, niños que se mueren de hambre por falta de alimentos, niños sin escuela, niños discapacitados que no encuentran un lugar digno en la sociedad, niños que se inician a las drogas a las doce años -hablo de España-, niños abandonados, niños maltratados... no podemos hablar de civilización sino de barbarie. Nadie devolverá la vida a los siete españoles que dedicaron lo mejor de sí mismos a tratar de llevar la paz a Irak. Pero esos jóvenes y niños que pisaban sus cadáveres, empujados por el odio asesino de sus mayores,seguramente tampoco llegarán a adultos. Morirán en algún acto terrorista llevándose por delante a otros inocentes. Y crecerá el odio. Pero ellos no son responsables del odio y la sinrazón de sus mayores. Sólo son niños sin esperanza y sin futuro.