Diario de León
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FERNANDO ONEGA
León

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FUE otro día muy triste. Por la mañana hemos vuelto a ver las lágrimas de la Reina en otro funeral por militares españoles. De forma inevitable, la imagen recordaba aquel otro homenaje fúnebre a los soldados muertos en el accidente del Yakolev que volvía de Afganistán. Y de forma también inevitable hubo que pensar en el honor que supone participar en grandes misiones internacionales, bélicas o humanitarias, pero con un precio muy alto en dolor y vidas humanas. Por la tarde, el debate. Aznar se avino, por fin, a explicar algo de nuestra presencia en Irak. No lo hizo por voluntad propia. Tampoco la oposición puede decir que ha conseguido una victoria. El presidente ha hablado al Parlamento por una única, triste y dolorosa razón: porque hubo siete víctimas de un solo golpe mortal. Es decir que, como apuntó Anasagasti, acudió al Congreso porque una matanza como ésa le obligaba a hablar. No por la objetiva razón de la gravedad de la situación en Irak. Aznar ha sido ayer «el explicador a palos». Eso sí: con una gran astucia: puso el debate sólo unas horas después del funeral, para condicionar los discursos, en un clima donde el dolor humano se impone sobre la dureza de la confrontación. Esa circunstancia hizo que el debate empezara marcado por el juicio a las intenciones, más que por el fondo de la discusión que todavía no se efectuó: las razones de la presencia de España en el territorio ocupado. Naturalmente, el hecho de hablar al Parlamento no cambia el fondo del discurso. Ni del Gobierno, ni de la oposición. Sólo hubo un pequeño viraje en la posición socialista que, amparada en la última resolución de la ONU, ya no rechaza el envío de tropas, sino que pide una reconstrucción de los servicios de Inteligencia y un mayor protagonismo de Naciones Unidas. Sumadas todas las intervenciones, se puede decir que de la sesión de ayer ha salido un mandato mayorita rio: seguir en Irak, pero de otra forma. ¿Y cuál puede ser esa otra forma? La respuesta no está en nuestro país. La respuesta, si existe, está, en primer lugar, o en la captura de Sadam Husein o en la desarticulación de la guerrilla. En segundo término, en la ONU y los Estados Unidos, que son los únicos que pueden dar un giro. Y tercero, en acometer una auténtica política de reconstrucción que, por ahora, no se percibe. Si no hay esa reconstrucción visible, capaz de suscitar la simpatía de los iraquíes, será difícil dar por terminada la guerra. Una guerra que para España sigue abierta. En lo político, porque continúan las disensiones. Y en lo humano, porque estamos enterrando víctimas.

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