Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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CUANDO se ven muchos fantasmas no hay más remedio que acabar creyendo en ellos. En mi ciclo vital, que no está siendo corto y que sigue siendo ancho, he visto tantos cambios que he llegado a pensar que los conservadores, como los clientes de los psiquiatras, nunca tienen razón. Cambian las ciudades, cambian los usos y las costumbres de sus efímeros habitantes y cambian los modos de ver la realidad, que también es cambiante. Lo que hace falta es que los cambios sean para bien. El más preocupante ahora es el cambio climático. Más peligroso aún que el que supone el acuerdo entre el PSC, ERC e ICV, contra el que ha reaccionado el Gobierno. Eduardo Zaplana, ministro portavoz, que no tiene pelos en la lengua, pero sí otras cosas que dificultan la comprensión cuando habla, dice que los pactos suscritos «se cargan la idea de España» Se preguntó mi inolvidable amigo Pedro Laín a qué llamamos España. Pronto habrá que preguntarse a qué le llamábamos con ese nombre. De todas formas, insisto, lo más grave es el cambio climático. La UE quiere suavizar las medidas contra él para no perjudicar a la industria. El Protocolo de Kioto se convirtió en sueño dorado a base de purpurina y la Cumbre de Milán ha terminado con otro fracaso de los montañeros. Se alerta sobre muchas cosas, pero no se toman medidas contra ninguna. Los países industrializados se resisten a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los grupos ecologistas, que no tienen motivos que le inclinen al optimismo, dicen que España aumentará sus malignas emisiones en un 65%. Hay que respirar hondo antes de que el aire, que es de todos, sea irrespirable incluso en las más apartadas orillas. El desarrollo conspira contra eso que llamamos medio ambiente, que nos gustaría que fuera entero. Hay seis grandes países contaminantes, pero como da la casualidad de que son los más numerosos, seguirán contaminando. Sálvese quien pueda. Eso de vivir siempre es cosa de supervivientes.

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