Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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LO NORMAL ha venido siendo que la Justicia española le diese oportunidad a los litigantes de arrepentirse de haberse querellado. En muchas ocasiones, el día del juicio ha coincidido con el del Juicio Final. Ha habido gente que cuando los tribunales dictaron sentencia se habían olvidado del motivo que lo suscitó. La conocida acción balsámica del tiempo ha propiciado el perdón, ese cóctel sublime en el que la comodidad es un ingrediente importante. La lentitud de los tribunales, semejante a la de «un diccionario abierto por la palabra tortuga», ha sido denunciada mil veces, pero ningún otro tribunal la ha condenado. Ahora quiere corregirla el PSOE y en su abultado paquete de promesas electorales incluye la oferta de indemnizar por parte del Estado a los ciudadanos que tengan un pleito judicial que no sea resuelto en un plazo de dos años. Pleitos tengas y te los paguen. La verdad es que una promesa más o menos no se va a notar demasiado, pero ésta resulta bastante sugestiva. Lo de los juicios rápidos y con jurado popular está siendo muy controvertido en los últimos tiempos y cada vez hay más personas que preferirían ser juzgados por profesionales, en vez de por vecinos de su bloque. Malévolamente, se ha dicho que los jurados populares fueron ideados «para evitar que la ley degenerara en justicia», pero las prisas son malas para todos, salvo para coger un taxi un día de lluvia. Sólo hay algo peor que ellas: la inmovilidad absoluta. ¿Quién está satisfecho hoy día del funcionamiento de la Justicia?. Quizá únicamente sean los grandes estafadores los que estén contentos. En la valoración global el criterio es muy negativo, ya que sólo uno de cada cinco españoles opina que la señora de la balanza y la venda en los ojos merezca la Medalla del Trabajo. Todos sabemos que hay jueces incorruptibles, pero también sabemos que hay incorruptibles delincuentes. Mientras se sigan dando en tan desigual proporción, la cosa tendrá difícil arreglo.

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