Diario de León
Fermín Bocos

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POR OBRA del Gobierno más reaccionario que quizá hayan tenido nunca, los Estados Unidos, la gran nación americana pionera de la lucha por la libertad y la democracia, va camino de convertirse en un país xenófobo. La catarata de medidas constrictoras de los derechos individuales que está alumbrando la Administración Bush amparándose en el epígrafe genérico de la lucha contra el terrorismo contradicen lo mejor del espíritu liberal que fue la seña de identidad de América. Hablo de la directriz que somete a los extranjeros que visitan los EE.UU. a un protocolo policial de fichaje que es vejatorio. Para la Administración Bush todo extranjero es sospechoso de ser un delincuente. Que los ciudadanos de la Unión Europea queden, por el momento, a salvo de semejante humillación, no resta oprobio al citado procedimiento. Impropio, desde luego, de un Estado que se dice democrático. Sabemos todos que el terrorismo es un enemigo tenaz al que hay que combatir sin tregua, pero la experiencia nos dice que contra el terrorismo no hay atajos y que todo lo que se sale de la ley o lo que a veces es peor: todo lo que desafía el sentido común, contradice la razón última de ese combate que no es otra que la defensa de la libertad. El Gobierno Bush, responsable del estrepitoso fallo policial y de los servicios de inteligencia que permitió a la banda terrorista de Bin Laden perpetrar los atentados del 11 de Septiembre quiere ahora fichar a todo el mundo. Esa media ofende a la dignidad de todos los ciudadanos del mundo que condenaron los atentados del 11-S y son tan enemigos del terrorismo como pueda serlo el propio Bush o Tom Ridge, el secretario de Estado responsable de la puesta en marcha de esta medida a todas luces xenófoba.

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