Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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SI DISPARAN una pistola junto a nuestro oído es lo mismo que si disparan un cañón. Las dos desiguales detonaciones destrozan el tímpano. Los que saben de estos ruidosos sucesos le llaman «umbral máximo de percepción» y yo, que no sé casi nada, me pregunto si para efectos emocionales, en cualquier atentado o en cualquier catástrofe, nos da igual que los muertos sean ocho que ochenta. Es un fenómeno de nuestro tiempo el gigantismo de las cifras. Se conoce que antes ofrecía mayores dificultades la contabilidad de cadáveres. Leo a la hora del desayuno, que en mi caso es la del aperitivo, que se han registrado más de 240 muertos durante la celebración del extraño festejo conocido como «la lapidación del diablo». Las víctimas eran peregrinos musulmanes que hacían el turismo obligatorio hacia la Meca que impone su religión. Murieron aplastados. Siempre es peligroso que se reúnan tantos creyentes y se calcula que este año se habían congregado unos dos millones de fieles. En Irak se han producido dos atentados contra partidos kurdos que han causado al menos 57 muertos. La cifra es provisional porque, como ocurre siempre, el número de difuntos aumenta a medida que fallecen los heridos de mayor gravedad. El ministro iraquí de Asuntos Exteriores culpa de la matanza a Al Qaeda. Los terroristas hicieron estallar cargas explosiva s que llevaban adosadas a sus cuerpos, lo que supone una ruptura con el procedimiento tradicional, ya que hasta ahora la mayor parte de los atentados que se han llevado a cabo en Irak han sido con coches bomba. A nadie le extraña que los efímeros seres humanos se sigan matando, ya que es una de sus costumbres más antiguas. Lo que sorprende es la proporción. Ahora las páginas de sucesos tienen el tamaño de la guía telefónica. La tristeza que podamos experimentar ante estos acontecimientos macabros se atenúa con su repetición. Nadie puede conmoverse todos los días y menos a la hora del aperitivo.

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