EL RINCÓN
Acerca de la resistencia
EN PRINCIPIO a nadie le gusta que haya extranjeros de uniforme patrullando las calles de la ciudad donde ha nacido y donde vive. No es que ese ciudadano tenga escasamente desarrollado el sentido de la hospitalidad, ni que sea algo xenófobo: lo que ocurre es que no le agrada ver a gente que no conoce de nada, en uniforme de campaña, merodeando por lo que queda de sus calles y de sus plazas. Los iraquíes no son una excepción y han organizado lo que las naciones invadidas siempre han llamado «resistencia». Es tan fácil de entender que incluso el señor Trillo puede comprenderlo. Lo que sucede es que le estamos llamando terrorismo a lo que visto desde otra perspectiva se llama heroísmo y tiene, como todo heroísmo, una adecuada dosis de desesperación y de rabia. Si nos resistimos a admitir que haya resistencia en Irak es porque nos estremece que puedan morir allí soldaditos españoles. Bagdad se está convirtiendo en una fosa común. En 24 horas, cien muertos civiles. Aspiraban a dejar de serlo, ya que eran opositores a la nueva policía iraquí, organizada por Estados Unidos. Se demuestra, que el presidente Bush tenía previsto ganar la guerra, pero no había hecho ningún plan para ganar la paz y tanto él como sus socios no saben qué hacer ahora con la victoria. La bomba trampa dirigida a los soldados españoles de la Brigada Plus Ultra, que gracias a Alá no produjo víctimas mortales, confirma que todo en esta guerra es una trampa. ¿Cómo sería Irak sin Sadam?, se preguntaban los amos del mundo, que son los que obedecen la voz de mando de su amo. Ya lo estamos viendo. La invasión ha propiciado un patriotismo peligrosísimo y ha conseguido unir a partidarios y enemigos de Sadam Husein. Hay listas de espera para convertirse en mártires y adosarse una bomba a la barriga para morir matando. Vistos a distancia son unos terroristas fanáticos, pero las gentes de su barrio consideran que son unos héroes. Incluso creen que algún día tendrán un monumento en mitad de una plaza reconstruida.