EN BLANCO
¡Manda euros!
EL IMPLACABLE rodillo del tiempo sigue pasando factura a diario y, desgraciadamente, nos vamos quedando sin los mejores. Si antes marcharon a mejor vida los geniales Gaby y Fofó, inventores por cierto de aquella reflexión filosófica sobre «¡cómo me pica la nariz, ya no lo puedo resistir!», cuyo rigor intelectual es equiparable a lo de «la reserva espiritual de Occidente» perpetrado por los mandamases franquistas, en fechas pasadas se nos fue para siempre el payaso Tonetti, uno de los realmente grandes en la brillante historia del circo español. Pero todos tranquilos, pues aún nos quedan comicastros con alma de chirigota y que llevan la chufla mezclada en el torrente de la sangre. Ahí tenemos el irremediable caso clínico del ministro Federico Trillo, encargado del cambio de agujas en el Ministerio de Defensa y especialista en chapotear en todos los barros imaginables. Dado que al parecer se encuentra afectado por un extraño síndrome que le impide estar callado durante más de diez minutos, en los últimos tiempos va por los auditorios de apoteosis en apoteosis, soltando chistes y prodigando ante los futuros electores unas virguerías filosóficas que son de pura traca. Lo mismo insulta a una periodista que le pregunta sobre las armas de Irak arrojándole una moneda de euro, que sumido en otro de sus habituales trances públicos se dedica a menospreciar y faltar a nuestros vecinos de Marruecos, lanzando por su atrevida boca una serie de baladronadas de tasca que, por no hacer leña del árbol caído, sólo provocan la rechifla general. Todos tenemos ratos tontos, incluso muy tontos, pero lo de Trillo ya pasa de castaño oscuro incluso para los baremos habituales en la bufa España actual. ¡Qué hombre! ¡Manda güevos y manda euros!