CON VIENTO FRESCO
Prensa y elecciones
AUNQUE legalmente la campaña electoral comenzó la pasada semana, en realidad llevamos todo un año sometidos a un bombardeo constante propagandístico, que nos tiene aburridos. Las elecciones municipales, las autonómicas madrileñas y catalanas se plantearon, al menos por algunos partidos, en términos de preelecciones generales. Los temas estrella no fueron los problemas que acucian a los ayuntamientos, sino la guerra de Iraq o la crisis del Prestige. También los pactos postelectorales con la traumática experiencia catalana, que que proyecta una sombra de duda sobre la unidad del PSOE. Lo vemos en la provincia, con la ruptura traumática de los aliñados impúdicamente en algunos ayuntamientos, como Villaquilambre. Y siempre el problema de la corrupción, como el de la comunidad de Madrid; pero que también en nuestro ámbito provincia salta de forma reiterada a las páginas de los medios, afectando a ayuntamientos y personas. Estos días le ha tocado al ayuntamiento de Torre del Bierzo, cuya alcaldesa ha recibido graciosamente dinero de una empresa; pero también se ha dejado caer la sospecha sobre los de Carracedelo e Igueña. Son los problemas concretos -el paro, el terrorismo, la educación, la sanidad- y no las generalidades sobre la política exterior o la censura, de la que hablan algunos manifiestos, los que parecen preocupar a los ciudadanos; tal vez por eso, la asistencia a los mítines es cada día más reducida e innecesaria. Excepto algún despistado, a estos saraos electorales no asisten nada más que los convencidos, que van a que les refuerzen su fe, o los militantes obligados que no tienen más remedio. Si no hubiera medios de comunicación pasarían totalmente inadvertidos. Son éstos -y en realidad se hace para ésto- casi lo único que cuenta, porque los partidos esperan que sean los voceros de sus políticas. De ahí el interés por controlar los medios de comunicación por los partidos o por los grupos que los apoyan y mediatizan. En España la situación está bastante equilibrada, aunque la oposición critica al PP por utilizar de forma partidista los medios de comunicación del Estado. Es cierto, pero como ha ocurrido siempre: son la voz de su amo. El PSOE cuenta con medios tanto o más poderosos, como son el grupo Prisa, Canal Plus, Tele 5, algunas televisiones autonómicas, y numerosos medios locales. Ni siquiera la prensa provincial, que es la más plural, está libre de este pecado. Sin embargo, creo que a la prensa se le da más importancia de la que tiene, que su influencia es menor de lo que parece. Ocurre como con las encuentas que, con excepción de las postelectorales, no aciertan nunca. Después vienen los chascos, de los partidos y de los líderes de opinión, que llevan años sin dar una en el clavo. La calle es mucho más de izquierdas y más progresista de lo que luego lo es la realidad, que es más tozuda. Ésta donde mejor se refleja es en las urnas, en el silencio del voto, porque el voto es secreto, y por eso los ciudadanos al votar en conciencia, mirando sus convicciones profundas, o tentándose bien el bolsillo sin las presiones del qué dirán, dan las sorpresas que dan. La prensa informa, mejor o peor, con objetividad o con honestidad, pero no conforma toda la opinión; porque ésta está tamizada por la propia formación de los ciudadanos, que pueden ser muy críticos con las opiniones vertidas en los medios; por los intereses de cada quisque, y también por otras redes más cercanas, más invisibles pero muy influyentes que igualmente emiten opinión y conforman la de los ciudadanos. Me refiero a la familia en donde se tratan los problemas reales; al grupo de amigos en el que siempre hay líderes de opinión que se escuchan y siguen; al trabajo y la empresa con los comentarios sobre lo que interesa o no; la parroquia y el círculo cultural, que sopesan lo moralmente bueno o lo éticamente correcto, etcétera. Es en este ámbito donde se encuentra la respuesta y no en los grandes líderes de opinión.