Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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EL EX CURA salesiano Jean Bertrand Aristide dejó Haití, que desde siempre ha estado dejado de la mano de Dios, solo o en compañía de otros ladrones, en las claritas del día. Declaró que se iba de su selvático país para evitar un baño de sangre, pero la sangre ya les llega allí hasta las cejas. Se conoce que él no quiere mojarse la cabeza. Ser presidente del Gobierno en Haití es un oficio peligroso: dos tercios de los que han ocupado tan alto cargo fueron asesinados y habitan en las alturas. Si no fuera por el dinero que envían los emigrantes que se fueron a Estados Unidos a trabajar como negros, los haitianos no alcanzarían ni siquiera la renta per cápita que padecen: unos veintitantos euros al mes. Aristide fue aclamado como el libertador de su pueblo cuando sustituyó al último antropófago de la saga Duvalier. Lo adoraban por lo menos con la misma vehemencia que en la civilizada Europa fueron idolatrados Mussolini y Hitler, con la única diferencia de que allí no había pueblo, sino turba. ¿Qué ocurre con los líderes más queridos cuando llevan algún tiempo ejerciendo su liderazgo? «Aprended, flores, de mí, lo que va de ayer a hoy, que ayer maravilla fui y hoy...». El que fue llamado «cura de los pobres» es ahora un millonario en el exilio. Su promesa de liberar al país de una miseria atroz sólo la pudo cumplir con uno de sus habitantes: con él. Algo es algo. Aristide se casó con una abogada de nacionalidad norteamericana y, una vez abandonados los votos de cas tidad y pobreza, empezó a matar a sus enemigos, que era el mejor modo de evitar que alguien le guardase rencor. Volvieron, en versión corregida, los «tonton macoutes» del tierno vástago de Papá Doc. ¿Cómo puede hablarse de globalización si seguimos en el paleolítico? El líder rebelde se llama Louis-Jodel Chamblain. Aparece fotografiado a bordo de un tanque, ametralladora en mano y en uniforme de campaña. Siempre queda la esperanza de que no supere en crueldad a sus predecesores. Hay caníbales desganados.

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