TRIBUNA
La levedad de ser leonés
LA FUNDACIÓN Cortes de León (?), en gestación controlada en la matriz de la Diputación provincial, está siendo manipulada genéticamente para que nazca, sine die, asexuada. Y, sine sensu, con amorfo sentimiento, difuminada en lo socioeconómico para un León en franco declive que acoge con alborozo no ya el ilusorio bienestar social, sino el anuncio político de un desarrollo sin definir. Recuerden nuestros diputados provinciales que, lo admitan o no ahora, se planteó la conveniencia de la Fundación leonesa, obviamente en defensa de lo leonés. Como contrapunto a la que en Villalar autonómicamente se creaba sobre la base de fundamentos culturales de uniformidad interesadamente equivocada. Y, para salvaguardar como bien primordial la Identidad Leonesa. De todo esto, ¡nada!. La demorada y ahora consensuada propuesta de nuestros diputados, según los medios de difusión, se ciñe a impulsar el desarrollo socioeconómico leonés. Desconocemos con qué criterios de selección y en función de qué cultura, entendida ésta como arte de vivir en función del medio, van a actuar. Aunque tal vez, y para empezar, no se atrevan a matizar la sutil diferencia entre lo cultural leonés y la cultura leonesa consustancial a un Pueblo. Lo propuesto ahora por los «padrecitos» provinciales es descaradamente un fiasco, si es que les concedemos un mínimo de buena voluntad, aunque lineal partidista PP y PSOE. Con su «largo me lo fiáis», dejan que se vaya perdiendo en las arrugadas hojas de su calendario de sesiones. Enfrían el tema. Lo trastocan. Resultando una especie de desdén para la personalidad leonesa, tan asfixiada en el ente autónomo, al soslayarla sin pudor. Se lavan las manos en la jofaina del ILC, organismo provincial que sabe de valores culturales leoneses, cuando pretenden desterrar la Identidad Leonesa de la nonata Fundación, no sé si conscientes que las manchas concernientes a los sentimientos no hay detergentes que las borren. Se pasan al terreno de lo económico, al necesitado desarrollo provincial demandado por los pueblos, para dar contenido a un segundo plato de Fundación, esto es, tratando de situarla, sin el zurrón cultural identitario, en un espacio ocupado ya por organismos como Ildefe. ¿Han necesitado de 25 largos años de estatuto de autonomía para entender que León necesita el desarrollo económico que el ente autónomo no le ha propiciado? ¿Acaso han olvidado que era todo un deber para la Junta autonómica promoverlo, y un inalienable derecho de los leoneses demandarlo?. ¿Qué han hecho los procuradores autonómicos de León que en el ente han sido? Se han dejado pasar los años para una Diputación, en la cuerda floja de la autonomía de Castilla y León, que va poco más allá de ser puestos políticos con escasas funciones. Cuando, desde el primer día, debieron secuencialmente demandar contenido, presupuesto autonómico y la descentralización de competencias. Si teníamos que permanecer en esta Comunidad, su labor debió consistir en que nos «fuera rentable». No ha sido así, es obvio, y ahora los paños calientes de una fundación maquillada desde el prólogo, se nos antojan cortos y desfasados, para salir del paso. Las imprescindibles infraestructuras, que van llegando ahora porque otros las necesitan, pueden favorecer el desahogo leonés, eso sí con retraso y por entregas, sin una planificación previa acorde a lo que León demandaba. Nuestros políticos carentes de un programa de desarrollo leonés, por falta de voluntad e ideas, y a expensas de las preferencias del ente, han hecho poco más que actuar como fuerza numérica votante a demanda partidista en Fuensaldaña. ¿Cómo valorar que el PP leonés vote en contra de que, en ése hemiciclo autonómico, no se asuma la defensa de la permanencia del Banco España en León? ¿Acaso no es importante y representativo que ésa entidad permanezca en el León que se proponen desarrollar desde una «fundación en ciernes»? ¡Han apoyado el centralismo una vez más! Esa es la verdad. Su dependencia autonómica partidista es total. ¿Así dónde vamos? ¿Qué novela fundacional nos van a contar a sus conciudadanos?. Los leoneses de hoy estamos perdiendo, por inanición espiritual, consciencia de nuestro derecho histórico identitario, y como pueblo. He ahí el campo de actuación de la Fundación Cortes de León, y al que renuncian aquellos que deberían ser pedagogos de un sentimiento de leonesidad permanente. Se autoliberarán del deber de revitalizar y conservar nuestros valores leoneses, no recogiendo en letra impresa fundacional un protocolo de actuación. Una dulce labor que en absoluto interfiere, ni es antagónica a un supuesto desarrollo socioeconómico, que por otra parte no han sabido darnos ni exigirlo. La Fundación Cortes Leonesas presenta muy mal augurio, no va a incidir en ésta última labor, tan tenue en la actualidad, y que el devenir autonómico se encargará de reducir a polvo. Eso sí, como triste consuelo y acompañando al poeta, será «en polvo enamorado» para los leoneses que pretendemos seguir siéndolo.