LA VELETA
Una lupa para la campaña
UNA CAMPAÑA electoral sin debates no es más que una sucesión condensada de quince días de propaganda. En esas condiciones, sin posibilidad de confrontar los programas, a los electores se les debería entregar una lupa para que pudieran leer el texto en letra pequeña de los programas. Como en las etiquetas de las latas de conserva y de las prendas de vestir, los ingredientes vienen en un cuerpo de letra tan pequeño que los consumidores, generalmente, desisten de saber qué están comprando. La prueba más evidente es que algunos partidos hacen paráfrasis complicadas a los discursos principales con los que son contradictorias. Tratan de modificar los errores sin que se note mucho. Por ejemplo, Mariano Rajoy ha inventado la necesidad de «regenerar el diálogo político adulterado por los nacionalistas» cuando en realidad está utilizando en campaña la vaga promesa de que acabará con el asilamiento impuesto por José María Aznar a quienes no piensan como él. ¿Tendrá crédito? La campaña electoral, cada día más, se parece a unas rebajas de temporada, en las que se sacan de los almacenes las mercancías averiadas, se les da un poco de aire y de plumero, se les pone un precio apetecible y se reclama a los compradores con el gancho de que la ocasión es única. Esos son los parámetros que hacen grande a la democracia porque nadie está muy interesado en que sea algo más que un formalismo para nuestras vidas. Ahora en España llega la primavera política y los ciudadanos tienen ganas de cambiarse el estilo. Pero todavía la colección de José Luis Rodríguez Zapatero no entusiasma, porque es un diseñador a la antigua usanza, sin aspavientos, sin insultos, sin grandes gestos. Sin embargo sus colecciones van calando. La gente -se percibe en las encuestas- sugiere la necesidad de cambio. El vuelco electoral es difícil en esta elección, pero no imposible, porque si a las ganas de cambio, como una corriente soterrada pero continua, se suceden evidencias de que el PP tiene que ir modelando un discurso nuevo porque el viejo discurso radical ya no cuaja, significa que se han dado cuenta de que el electorado tiene ya una sensibilidad distinta. Es el primer paso para un cambio profundo. Habrá que esperar.