Diario de León
Publicado por
CARLOS CARNICERO
León

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DE ENTRE todas las barbaridades que se están escribiendo en estos días, la de adjudicar la victoria electoral del PSOE a Bin Laden es la peor. Barajar esta tesis para deslegitimar el resultado es insultar a casi once millones de españoles y deslegitimar la democracia como sistema de vida. Si Mariano Rajoy hubiera sido elegido presidente, ¿los españoles y su decisión serían más respetables? Todo está resultando demasiado fácil en la derecha para explicar su derrota electoral y más cómodo que ejercer la autocrítica. Hay algo en el ambiente que recuerda el aroma de los malos perdedores. Si cuando ganaba el PSOE de Felipe González, lo hacía gracias al «voto cautivo» y a la «España subsidiada», y a Zapatero lo ha aupado la «España del miedo», habrá que deducir que quienes así piensan son unos autoritarios encubiertos que sólo admiten la legitimidad de una «eterna España conservadora». Son los que gritaban en la calle Génova, «España es del PP» . Si el autoritarismo no es una infección de transmisión genética, habrá que pedirles a los hijos de la calle Génova que se desprendan de los tics de sus padres y abuelos. ¿Decidir un voto distinto al del PP, es agraviar a los que han perdido? Quizá nadie esté reflexionando sobre la esencia de lo que está ocurriendo en los aledaños del PP, en donde junto a una asunción formal y elegante de los resultados conviven las más execrables manifestaciones antidemocráticas. A quien de verdad están ofendiendo todos estos periodistas de cámara del Gobierno con sus diatribas contra el resultado electoral es a la democracia misma como sistema político y a los españoles como depositarios de la soberanía que les permite decidir con su voto lo que quieren para España. Si la transición fue el arte de la tolerancia, que permitió a todos los responsables del franquismo integrarse en la democracia sin rendir cuentas de sus desmanes, estas conductas nos conminan a pensar que la generosidad fue un error que encapsuló el totalitarismo para hacerlo aflorar durante los años en los que Aznar ocupó La Moncloa y que aupó a unos supuestos periodistas a lugares en donde además de hacerse millonarios, muchos de ellos, están desparramando por las ondas y los periódicos la peor esencia autoritaria de tantos años de dictadura.

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