EN BLANCO
Recompensas
LA IMPECABLE actuación de José Luis Olivas como primer sucesor de Eduardo Zaplana al frente de la Comunidad Valenciana quizá pueda encontrar una fácil explicación en el estímulo que para cualquiera debe suponer la dádiva del caramelo de la presidencia de una importantísima entidad financiera como es Bancaja, aunque no pueda descartarse la hipótesis de que su nombramiento no hubiese sido un premio previamente pactado sino, simplemente un reconocimiento de sus actitudes y un pago de servicios efectivamente prestados. La designación de Rajoy como sucesor de Aznar no siguió del todo la pauta marcada en la Comunidad Valenciana, pero también entraba en juego un tercero, Rodrigo Rato, que quedaba descolgado. Hubo alguna decepción entre sus muchos admiradores que tuvieron que darse por contentos -al menos, formalmente- con los poco frecuentes sollozos de Aznar y con la oferta y aceptación de ocupar el puesto dos por la lista electoral del PP en Madrid. Ahora, que se habla de Rato para dirigir el Fondo Monetario Internacional, da la impresión de que la oferta inicial no era única ni suficiente, sino una simple solución segura para el caso de que falle la obtención de las influencias suficientes entre quienes tienen que decidir el nombre del sucesor del alemán Hörst Köler al frente del FMI, ya que es este caso las componendas no hay que hacerlas con el PSOE para darle dos vicepresidencias, como ocurrió en Bancaja, sino que entra en juego la política exterior: de momento, parece que Rato seguirá contando con el apoyo de todos los españoles y con el apoyo europeo como candidato, pero lo más importante es que pueda resultar favorecido por la política superatlantista que desarrolló el gobierno de Aznar.