LA VELETA
La perversión de los conceptos
EL PARTIDO Popular ha tomado la decisión de convocar «un acto de desagravio» a José María Aznar y a Mariano Rajoy sin que se haya tomado la molestia de indagar, conceptualmente, lo que significa considerar «agravio» la pérdida de unas elecciones. ¿Quiere decir esto que los españoles que decidieron votar otra opción política cometieron un acto de agravio a los líderes del PP? Los gritos de la calle Génova son un anticipo de los que se lanzarán en la Plaza de Toros de Vista Alegre cuando las pasiones se desaten. El PP corre el riesgo de abandonar definitivamente los espacios del centro que le permitieron ganar la confianza de los españoles. Han saltado al ruedo Pilar del Castillo, Javier Arenas, Álvarez del Manzano y Pedro Sáez para calentar las gradas. La tesis general, esbozada con más o menos textura antidemocrática, trata de impulsar la teoría de que la victoria electoral del PSOE carece de legitimidad y que el terrorismo ha salido beneficiado de esta situación. Algunos, como el presidente de la Rioja, ha inventado una fórmula magistral al decidir que los que votaron al PSOE lo hicieron por el terrorismo. ¿Sólo la victoria de Rajoy era legítima? Entonces, ¿para qué se celebró la elección si sólo es válida en función de que los españoles elijan a quienes estos señores aprueban? Los disparates conceptuales continúan en la línea de considerar que quienes están en contra de la guerra de Irak lo están contra el terrorismo. Pero, ¿no hay nadie en el PP que se acuerde que Sadam Huseín no tenía armas de destrucción masiva ni existían conexiones de Irak con la organización Al Qaida y que ahora, gracias al error de la guerra, es posible que se hayan establecido? Obstinarse en el error es garantizar la continuidad del calvario. Si Pilar del Castillo culpabiliza a quienes eran abstencionistas por haberse decidido a participar y con ello haberle dado la victoria al PSOE, no demuestra otra cosa que un profundo talante censatario, de aquellos que pretenden que sólo están legitimados para votar algunos ciudadanos en función del lugar que ocupan en la sociedad. Es terri ble haber tenido una ministra de Cultura a la que le molesta que se incorporen nuevos votantes.